Cambio, vendo y compro por igual: el capitalismo explicado por Cri-Cri

Cuando uno le echa un vistazo a la correspondencia de Francisco Gabilondo Soler entiende por qué el dinero es una preocupación constante en los cuentos de Cri-Cri. A finales de los treinta y principios de los cuarenta (según recoge Elvira García en De lunas garapiñadas), Gabilondo Soler le escribe a su esposa Rosario desde los diferentes lugares a donde había ido a probar suerte: «en este sitio me las he visto negras», «el asunto de la radio anda mal», «he sido valiente, constante e ingenioso, pero las circunstancias y solo un milagro me pueden sacar adelante», «no tengo más que unos pesos y no sé cómo pagar las pequeñas necesidades en los días que vienen y el día 11 de febrero me tendré que ir otra vez a la calle», «me comprometí a trabajar hasta diciembre y aunque pagan muy poco, porque esto es muy raquítico y son muy agarrados, espero juntar algo de dinero», «en la carpa voy a pedir aumento de sueldo porque son una de las privaciones que ya no aguanto». Ni siquiera es necesaria una búsqueda demasiado exhaustiva en los nueve discos que conforman Cuentos y canciones de Cri-Cri para encontrar esas historias de apuros económicos, empleos precarizados y falta de tiempo. Me he apoyado en el material del sitio cri-cri.net y he añadido algunos links.

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Mercancías y el proceso de intercambio

«La gente adulta —las personas ya crecidas— son incomprensibles y sus juegos habituales carecen de sentido. Tal es la opinión de Cri-Cri. Los mayores casi siempre se divierten con un juego que llaman comercio. El comercio se juega así: dentro de la tienda hay un largo mostrador detrás del cual hay una señorita o un joven que se pasan el día mirando hacia la calle. Entran otras personas a cambiar dinero por objetos poco interesantes, que rara vez son dulces o juguetes. El que entró vuelve a salir con su paquete y el vendedor guarda el dinero en un cajón. ¿Para qué lo guarda? ¡Con lo bonito que es arrojar las monedas al riachuelo para verlas brillar en el fondo como peces redondos! Ese juego de cambiar dinero por cosas que no son ni golosinas ni muñecos, lo repiten sin cansarse jamás. Y lo que es peor: los jugadores nunca ríen.»
☛«Desacuerdo de Cri-Cri», Disco 1. Puede escucharse AQUÍ.

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El culto a la puntualidad

«La pautada regularidad de los acaudalados [miembros de la familia] Torresmochas admiró a la sociedad entera. Se puso en boga la puntualidad, cosa desconocida desde los tiempos de María Castaña, y la ciudad adquirió un ritmo exacto, riguroso. Hasta los incendios y los choques tuvieron que suceder a horas fijas. Los bohemios, los abogados y todos aquellos afectos a hacerse esperar fueron considerados enemigos públicos. Cri-Cri mismo, que tampoco se mata por llegar temprano, se vio amenazado por la intransigencia horaria.»
«Más equivocaciones de Cri-Cri», Disco 3. Puede escucharse AQUÍ

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La crisis del capitalismo y la crisis del espíritu (metódico) del capitalismo

«Pues, mientras duraron los millones de los Brincasgomas, su espíritu metódico siguió inspirando la comunidad; mas llegó el día aciago en que no hubo ni un céntimo para sostener el castillo, palacios, trasatlántico, banquetes, tranvía particular, ni película del Oeste americano. Cuando el señor Mangasbroncas se confesó incapaz de pagar tres mil facturas y no poder desembolsar siquiera la limosna acostumbrada al ciego del organillo, la sociedad se desmoralizó. ¿Cómo traicionar a los números en dinero y los vencimientos en números de calendario y de reloj? Todos aquellos que antes hicieron gala de puntualidad, de la noche a la mañana se tornaron aún más informales que los bohemios y que los abogados.»
«Final inesperado», Disco 3. Puede escucharse AQUÍ.

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Intensificación del trabajo

«La importante editorial deseaba comprar canciones de Cri-Cri. Esa gigantesca empresa se dedica a imprimir todas las escalas en gran escala. El recién llegado preguntó a Cri-Cri si estaba dispuesto a componer cien canciones por semana durante cinco años de contrato, o sea veintiséis mil canciones en un lustro. Cri-Cri se quedó con la boca abierta. En lo que va del año apenas ha podido concluir una canción y echado a perder otra. El representante le aseguró que solo una producción intensiva conduce a la opulencia.»
«Cosa de millones», Disco 4. Puede escucharse AQUÍ.

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La emisión de monedas en cantidades mayores a las necesidades de sus esferas de circulación

«—Mire, señor experto, no me hable usted de riquezas —respondió Cri-Cri—. Yo conocí a un individuo que firmó un contrato para recibir todos los días un millón de billetes. La primera semana el hombre estuvo feliz.

Al cabo de un mes comenzó a depositar los billetes en los bancos porque en su casa ya no cabían. Al año de haber firmado el contrato, los financieros le hicieron saber que ya no podían admitir más billetes debido a que los bancos estaban tan atiborrados de ellos que no se podía dar un paso en las oficinas. ¡Un millón le seguía llegando cada día! Mandó edificar grandes cobertizos para almacenar su papel moneda. Pronto se agotaron los materiales de construcción y no se contó con sitio para guardar la avalancha de valores. El hombre trató de esconderse para evitar recibir el millón diario. Se refugió en las bibliotecas públicas, donde es fama que no entra nadie, pero hasta ahí lo encontraban los encargados de entregarle el dinero. ¡Un millón todos los días! ¡Un millón! Ya desesperado apiló los billetes en la calle, con un letrero que decía: “Señores ladrones: tengan la bondad de robar todo lo que gusten”. Pero los ladrones sospecharon alguna añagaza y dejaron el dinero intacto. Tanto papel en la vía pública impidió la circulación de los vehículos y las autoridades obligaron al archimillonario a quemar los billetes. Pero para incinerarlos necesitó tales cantidades de petróleo, carbón y madera que acabó con los pozos, las minas y los bosques de todo el país. Y, como pesadilla, seguía recibiendo un millón de billetes cada mañana.»
«Cosa de millones», Disco 4. Puede escucharse AQUÍ.

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La corrupción es el sistema

«Alrededor de una mesa sentáronse el presidente, sus ministros, varios aduladores titulados y Cri-Cri. Mientras consumían deliciosos platos, el presidente le birló al vecino de la derecha el reloj, la cartera y la pluma; al mismo tiempo, el despojado se dio maña en volarle al siguiente comensal objetos semejantes; el tercero hizo lo propio con un cuarto y así iban los hurtos recorriendo solapadamente el círculo de la mesa. Era de suponer que a los postres los objetos habrían dado la vuelta completa, retornando a su poseedor original, pero Cri-Cri estaba causando interferencia en la rueda. Como él no quitaba nada ni tenía ya que le quitaran, el ágape tomó un cariz desagradable. Don Uño Hurtado de la Ganzúa, con la cara encendida, espetó:

—Está usted interrumpiendo nuestra digestión. Le concedo una hora exacta para salir del país, so pena de ir a la cárcel por babieca.»
«Un viaje de Cri-Cri», Disco 6. Puede escucharse AQUÍ.

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Trabajar para tener tiempo libre (algún día)

«Cierto tendero se dio prisa en ganar dinero vendiendo kilos de ochocientos gramos. Al cabo de medio siglo, tenía un capitalazo que se escribía casi con una docena de cifras. Entonces fue cuando realizó su sueño de darle la vuelta al mundo sin carreras; pero como estaba cansadísimo de tanto trabajar, realizó su sueño sin correr. Así como se escribe. Todo el viaje se lo pasó durmiendo, de modo que quedó en las mismas que el trotamundos apresurado.»
«¡Conozca usted el mundo!», Disco 7. Puede escucharse AQUÍ.


[Arte: José Sosa]

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