Vidas de santos

1. San Régulo, que expulsó a un demonio del cuerpo de un hombre y el demonio le dijo que si le daba chance de transmigrar al cuerpo de un burro, que estaba ahí cerca.

2. San Sansón, a quien —así, casual— le salían lenguas de fuego por la boca, los oídos y la nariz mientras daba misa.

3. San Aldebrando, obispo de Fossombrone, que no comía carne y cuando le ofrecieron una perdiz asada, le devolvió la vida y le ordenó que volara.

4. Santa Coleta, cuya devoción fue compensada con la gracia de sufrir —diario, al mediodía— los dolores mortificantes que sufrió Cristo en el Calvario.

5. San Aberico abad, a quien se le apareció la Virgen solo para cambiarle el color a las ropas de los monjes cistercienses que lo acompañaban.

6. San Bernardo, quien, en vísperas de la Navidad, se preguntó: ¿a qué hora exacta habrá nacido Jesús? El propio Jesús se le apareció para darle el dato.

7. Santa Ángela de Brescia, a quien Jesús le dijo que cambiara el nombre de su congregación, Las Compañeras de Ángela, por uno donde no apareciera su propio nombre. Le sugirió «Las Ursulinas».

8. San Januario, cuya alma se les apareció a unos discípulos para ordenarles que encontraran el dedo que había perdido durante su ejecución.

9. Santa Lutgardís, de la orden de Cístel, a quien la abadesa le pidió que «ya no comulgara tanto». La santa respondió: «Yo haré lo que me mandáis, pero tengo por cierto, y ya lo veo, que lo habéis de pagar en vuestro cuerpo». La abadesa se enfermó de gravedad.

10. San León, que estaba escribiendo sobre las reliquias de san Pedro y le pidió al espíritu del santo que metiera las correcciones que considerara pertinentes. Al día siguiente, el manuscrito presentó tachaduras y enmiendas.

11. San Leoncio, a quien los espíritus de san Hilario, san Martín y san Agnano le anunciaron su muerte de este modo: «Todo está dispuesto; date prisa y ven a la fiesta».

12. San Ambrosio, que de bebé fue visitado por un enjambre de abejas, que entraban y salían de su boca. En lugar de expulsarlas como lo haría cualquier señor razonable, el padre de Ambrosio dijo: «Dios ha tenido a bien revelarnos que este niño estará dotado de la más extraordinaria elocuencia».

13. Santa Osita que fue obligada a casarse con un rey, pero un minuto antes de consumar esa unión, Dios hizo que un ciervo de extraordinaria belleza corriera a las puertas del palacio. Siendo el rey aficionado a la caza, abandonó sus aposentos antes de tocar siquiera a su esposa y llamó a todo su séquito para ir tras aquel ciervo. Ella escapó y se mantuvo virgen.

14. San Vicente Ferrer, a quien, a mitad de algún discurso, le crecían alas y emprendía el vuelo para atender a los enfermos que pedían su ayuda.

15. San Maedoc de Ferns, que devolvió la vida a seis pobres carneros… después de habérselos dado de comer a seis pobres lobos hambrientos.

16. Catarina de San Juan, quien para alejar a pretendientes y proteger su virginidad consagrada a Cristo, le pidió que le oscureciera la piel. Así lo hizo Cristo, pero solo en las partes visibles; el resto del cuerpo lo dejó del mismo «color y delicadeza de su natural complexión».

17. Santa Petronila, a quien su padre, san Pedro apóstol, curó de la parálisis. La primera cosa que el santo le ordenó para su nueva condición de mujer sana fue que… le sirviera la mesa.

18. Santa Brígida de Escocia, que —para limpiar el nombre de un obispo acusado de tener un hijo— hizo la señal de la cruz sobre la lengua del bebé y este dijo quién era su verdadero padre.

19. Simeón el Loco, que volvió bizcas a un grupo de muchachas que se habían burlado de los monjes. Las mujeres lo perseguían para que las curara y él les decía: «La que quiera se curará. Yo le besaré el ojo bizco, y quedará curada». De modo que, a lo lejos, podía verse a un señor perseguido por mujeres que le gritaban: «¡Bésanos también a nosotras!»

20. San Equicio abad, que sufría ardores concupiscentes y le pidió a Dios ayuda para enfrentarlos. «Oyó el Señor la oración de su siervo y una noche le pareció que venía a él un ángel y le cortaba aquellas partes del cuerpo en que más suele reinar la rebeldía de la carne».

FUENTES: Diccionario de milagros, de J. M. Eça de Queiroz, Rey Lear (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 10, 11, 12, 14, 15); Vidas de santos, de Pedro de Ribadeneyra, Lengua de Trapo (9, 13, 17, 18, 20); Apariciones de seres celestiales y demoníacos en la Nueva España, de Gisela von Wobeser, UNAM (16); Vida de Simeón el Loco, de Leoncio de Neápolis, Siruela (19).

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