Rulfo, Arreola, Carballo y Chumacero entran a un bar

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Seis versiones poco difundidas sobre la redacción de Pedro Páramo (la número cinco hará que te desmorones como un montón de piedras):

1. Juan Rulfo había escrito una novela sobre un pianista ciego que se enamoraba de una prostituta. Alí Chumacero se deshizo del pianista y puso en su lugar a un cacique. Antonio Alatorre borró adjetivos y agregó sustantivos para que el escenario original de la historia, un burdel porfiriano, tuviera más aspecto de pueblo de almas en pena. Carballo quitó de la trama al matador de toros y lo sustituyó por un hijo que busca a su padre. Arreola oprimió la opción «Aceptar todos los cambios».

2. Rulfo es el autor absoluto de Pedro Páramo. Los personajes, la organización narrativa, cada una de las frases son fruto de su genio. Escribió la novela, la tallereó consigo mismo, corrigió estilo, escribió su propio dictamen para el FCE. Diseñó la portada y la tipografía de las páginas interiores. Decidió sobre el tipo de papel y la forma de distribuir los ejemplares. Finalmente, financió con sus ahorros la edición príncipe y compró el primer ejemplar.

3. Pedro Páramo es en realidad producto de la tradición oral. Su estructura fragmentaria y el sorprendente virtuosismo de sus diálogos así lo confirman. «Juan Rulfo» es apenas el nombre con que hemos decidido llamar a un grupo de rapsodas que, por generaciones, han ido de pueblo en pueblo cantando las hazañas de un cacique. Tampoco tenemos total seguridad de que Chumacero, Carballo, Arreola y al menos trece de los quince ganadores del Premio Juan Rulfo hayan existido alguna vez.

4. Arreola le escribía sus obras a Rulfo que le escribía sus poemas a Chumacero que le escribía sus reseñas a Carballo que le escribía sus estudios áureos a Alatorre que impartía las clases de Batis. Arreola fue olvidado, Rulfo reeditado, Chumacero homenajeado, Carballo denostado, Alatorre reivindicado y Batis jubilado.

5. A causa de la peste bubónica que azotó la ciudad de México en 1955, Juan Rulfo, Emmanuel Carballo, Alí Chumacero, Juan José Arreola y Mary Shelley se refugiaron en la casa que Lord Byron poseía a las afueras de Zapopan. Con el fin de entretenerse acordaron que cada uno contaría una historia de terror. Un futuro clásico del género de fantasmas nació en el cumplimiento de dicha tarea: Protagonistas de la literatura mexicana.

6. Existen, al menos, cinco borradores de Pedro Páramo. Rulfo entregó uno al Fondo de Cultura Económica, otro al Centro Mexicano de Escritores, uno más a Arreola, otro a Chumacero y el último a un burócrata de la CIA, que para entonces ya le daba dinero. En apariencia los borradores tienen leves diferencias entre sí, pero un análisis más riguroso revela que en realidad se trata de cinco novelas distintas: una es de carácter simbólico; otra, sobrenatural; otra, policial; otra, psicológica; otra, comunista. Se desconoce aún cuál es la que llegó a las librerías.

Publicado originalmente en Letras Libres.

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