A su servicio

Servicio

«[En 1851] las familias tenían criados igual que la gente moderna tiene electrodomésticos. Los trabajadores también tenían criados. Y a veces, incluso los criados tenían criados. […] La cifra total de criados de Londres, tanto masculinos como femeninos, era superior a la población de toda Inglaterra excepto sus seis ciudades más grandes.»

«Los criados eran algo más que una ayuda y una comodidad, eran un indicador vital de posición social. […] Karl Marx, que vivía en el Soho en un estado de endeudamiento crónico y que con frecuencia no tenía ni comida que llevarse a la boca, tenía un ama de llaves y un secretario personal. La casa estaba tan abarrotada que el secretario –un hombre llamado Pieper– tenía que compartir cama con Marx. (Incluso así, Marx consiguió tener sus momentos de intimidad para seducir y dejar embarazada al ama de llaves, que le dio un hijo el año de la Gran Exposición).»

«Una casa de campo grande tenía una media de cuarenta criados interinos. El conde de Lonsdale era soltero y vivía solo, pero tenía cuarenta y nueve personas atendiéndole. Lord Derby tenía dos docenas simplemente para servirle la cena. El primer duque de Chandos tenía una orquesta privada para deleitarle durante las comidas, aunque sacaba rendimiento adicional de algunos de sus músicos obligándoles a realizar también labores de criado; un violinista, por ejemplo, era el encargado de afeitar a diario a su hijo.»

«La vida estaba rigurosamente estratificada a todos los niveles, y esta ansiedad por la diferenciación existía tanto para los invitados y la familia, como para la servidumbre. Un estricto protocolo dictaba en qué partes de la casa podía uno aventurarse –qué pasillos y escaleras podía utilizar, qué puertas podía abrir– según fuera invitado o pariente próximo, institutriz o tutor, niño o adulto, aristócrata o plebeyo, hombre o mujer, criado superior o criado inferior. Hasta tal punto reinaba la rigidez, observa Mark Girouard [en Life in the english country house. A social and architectural history], que el té de la tarde en una casa señorial podía llegar a servirse en once lugares distintos para once castas distintas de personas.»

«Los criados constituían una clase de seres humanos cuya existencia estaba básicamente consagrada a asegurar que los integrantes de otra clase de seres humanos tuviera al alcance de la mano todo lo que deseaba en el momento en que se le ocurriera desearlo. Los receptores de esta atención se convirtieron en seres inconcebiblemente mimados. En la década de 1920, el décimo duque de Marlborough fue a visitar a su hija a su casa, una vivienda demasiado pequeña como para que pudiera acompañarle sus criados. Una mañana salió del baño en un estado de impotente perplejidad porque su cepillo de dientes no hacía la espuma a la que estaba acostumbrado. Resultó que su ayuda de cámara siempre le ponía el dentífrico en el cepillo y el duque ni siquiera sabía que los cepillos de dientes no se recargaban de forma automática.»

«Los uniformes de criados no fueron habituales hasta que a partir de 1850 se iniciaron las importaciones en masa de algodón. Antes de ese momento, la calidad de las prendas que vestían las clases altas eran tan visiblemente superior a la de la ropa de las clases trabajadoras, que no había necesidad de diferenciar a los criados mediante uniformes.»

Bill Bryson, En casa. Una breve historia de la vida privada
(RBA, 2011).

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2 comentarios en “A su servicio

  1. Sí! Y es incomprensible que sea tan complicado de conseguir en librerías. (Yo lo compré en un remate de libros).

    Me hice de En casa y de En las antípodas. Ambos, geniales. Me falta el que escribió sobre Shakespeare.

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