Para entender a los críticos


Justificación.
En el mundo de la crítica todos parecen estar contra alguien. Los autores contra los críticos, los profesionales contra los amateurs, los implacables contra los indulgentes, los académicos contra los no académicos (obsérvese la manera en que cada uno de estos adjetivos puede utilizarse como un insulto). Y esta imagen de camarillas en conflicto no es muy distinta a aquella que hemos identificado con la república de las letras. Todo encuentro de literatura, toda mesa de debate, todo tema propio de ñoños —como «la forma válida del ensayo»— se ha vislumbrado como un circo romano, sumamente divertido, a menos que sea uno el cristiano. Y se ve con sospecha la paz entre los escritores que, como se sabe, tienden a pensar en la tradición literaria como en una cadena alimenticia donde nadie quiere ser el plancton.

Esto viene a colación porque a últimas fechas nos hemos topado con una decena de artículos enfocados a discutir la condición actual de nuestra crítica literaria. Imaginamos que cada determinado tiempo, la gente de letras se pone a examinar los textos críticos, a fin de atender eso que los estudiosos llaman el «estado de las cosas», que no es más que el ánimo con que las personas despiertan cierto día (como cuando los vecinos han hecho demasiado ruido durante la semana y uno siente el domingo que la humanidad debería extinguirse lo más pronto posible). Una revisión de polémicas recientes ha alimentado nuestra sospecha de que entre críticos, autores, autores-críticos y lectores hay tal variedad de perspectivas de lo que debería de ser la crítica que rara vez están hablando de lo mismo. En nuestra opinión, sería muy útil elaborar un Diccionario Crítico-Español, a fin de tener un vocabulario común, pero se trataría de una tarea enorme, que necesitaría numerosos becarios revisando periódicos todo el día, y que sólo daría como resultado un libro que nadie iba a tener ganas de leer (me informan, sin embargo, que ese es el procedimiento académico en uso). En este sentido, nuestro equipo quiere iniciar esa misión, con un pequeño compendio de expresiones comunes en la crítica literaria y su correspondiente explicación (o Significado Real: SR, de ahora en adelante).

Criterio metodológico. Hemos acudido a seis fuentes: 1. Reseñas que elogiaban a libros que nos parecen malos (o que no hemos leído, o ambos). 2. Publicaciones de críticos que nos caen mal. 3. Textos aparecidos en revistas donde nos han rechazado (o que han acogido a gente que nos cae mal, particularmente después de habernos rechazado). 4. Reseñas de novelistas y poetas que han despotricado contra la crítica mexicana. 5. Textos que mostraban tal saña al despedazar un libro, que incluso tuvimos el impulso compasivo de salir a comprar dicho libro. 6. Gente que escribe sobre libros por los cuales no ha desembolsado ni un solo peso (lo cual, a nuestra consideración, representa ya un sesgo).

Ahora sí: una Pequeña Guía de las Expresiones más Usadas por los Críticos

Humor sutil. Puede emplearse para salir en defensa de un escritor (SR: «Nunca reí, pero entiendo que el autor no puede estar hablando en serio») o de uno mismo como lector experto (SR: «No sé cuál es el chiste, pero me río de un modo socarrón para no verme como un estúpido»). En ambos casos, es necesario  que el texto origen tenga el mismo aspecto de un funeral en donde haya que guardar las formalidades.

«Críticos que evidentemente no entendieron el libro». SR: «Ciertamente era ininteligible». Apunta a reseñistas que han escrito alguna opinión desfavorable sobre un libro que sí nos gustó (aunque nos cuesta dar detalles a ese respecto). Atacar las habilidades lectora o interpretativa de un reseñista es uno de los insultos predilectos de aquellas personas que también consideran humillante decirle a alguien que «no escribe bien».

«Una cosa es lo que yo haya escrito y otra cosa la que usted entendió [o también “Lo notable es que usted me atribuya un artículo que no escribí”]». Se da en el contexto de una polémica. Insta a volver sobre una reseña anterior y aclarar la manera en que algunas de sus ideas deben ser descifradas. En esencia apela a Humpty Dumpty («Cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga»), pero —en la medida de que en México casi todos los polemistas acostumbran meterse a una discusión para defender ideas que nadie estaba atacando— también sirve para confundir al oponente: «No te estaba dando la razón. Me respondiste lo mismo que yo había dicho. O sea, tú me diste la razón»..

«Es imposible no darse cuenta que de que hablaba en tono irónico». SR: «En realidad, no lo hacía o lo hacía tan mal que nadie se había dado cuenta». Justifica a un autor ante otros críticos o a nosotros mismos frente a un argumento de profunda discusión (y cuya respuesta incluye leer un montón de libros por los que no nos van a pagar).

«Se trata de un libro autocomplaciente». SR: «Más que el texto de Fulano de Tal, odio que a todos les haya gustado». Se aplica a obras que nos dejan la misma sensación de cuando vimos The Artist al lado de espectadores que terminaron llorando.

«Dialoga con la tradición». Da cuenta de que supimos reconocer guiños librescos (del corpus mexicano o latinoamericano, se entiende) y distinguirlos de lo que, en términos vulgares, se considera un plagio. La intertextualidad es particularmente determinante si el relato comienza con «Vine a ________ porque me dijeron que acá ___________» y otras estructuras sintácticas de esa clase.

«En su [prosa, poesía, estilo] lo que no se dice tiene tanto peso como lo que se dice». SR: «En realidad no es que haya dicho mucho». De empleo frecuente entre quienes recurren a libros de 600 páginas para explicarnos por qué tal o cual haikú es poesía.

«…,ay,…». Quejido que indica sarcasmo.  Los «ay» son las risas grabadas de la crítica.

«Alcanzó su madurez». El equivalente literario a «era un tipo desmadroso hasta que le dio por engendrar». Puede significar también: «Ya no me hace reír tanto como en sus primeros libros».

«No dejará indiferente al lector». Se usa para toda novela que no nos haya adormecido (en la literatura mexicana, esto último se considera un filtro importante).

«Trata la condición humana». Focaliza nuestra atención en la mesura de guiños librescos y en la importancia que tiene para la posteridad literaria presentar a gente que sufre. Su aplicación, sin embargo, puede ser extendida a cualquier obra donde uno advierta la presencia de seres humanos o de animales con comportamientos identificables con el ser humano.

«Estilo eficaz». SR: «…que utiliza sujeto, verbo y predicado (en ese orden)».

«Celebro la contención». SR: «Agradezco su brevedad».

«Sintaxis singular». SR: «La originalidad muy bien, pero tuve problemas para distinguir cuál era el sujeto».

«Ejercicio de autocrítica». SR: «Se mordió la lengua con una retórica encaminada a que nadie se diera cuenta de que lo estaba haciendo».

«Su novela crea todo un mundo.» SR: «…hecho con las partes más aburridas de este».

Generación. Una de nuestras favoritas. Con frecuencia sirve para ubicar a un autor dentro de un grupo de escritores con la intención de decir algo del primero (por ejemplo, «que es mejor que los otros»). Se trata de una estrategia muy útil porque sólo es cuestión de decir «de su generación» para que al menos veinte narradores y poetas se sientan identificados. No vamos a discutir el carácter arbitrario del término, pero confesaremos que, para nuestra metodología, todos aquellos que se han salido públicamente a quejarse de la palabra «generación» forman parte ya de una generación (y del grupo Gente que Cree que Hablamos de Ella en este Artículo).

Teoría. Aparece siempre en circunstancia de ausencia: «[un reseñismo que] no se nutre de» /«es palpable la carencia de». Nos referimos a un concepto que puede utilizarse del mismo modo que utilizamos la carencia de sexo para explicar ciertos comportamientos neuróticos. Suele ser acertado porque incluso a los libros de teoría les falta teoría. Nadie que recurre a esta figura se ha detenido a explicar en qué sentido la teoría mejoraría tal o cual discusión y sólo da por descontado que —como los pantaloncillos, los guantes y el ring—, la teoría otorga cierto nivel a los pleitos.

(Por todo lo anterior —expresión que en el código de los estudios literarios significa que alguien ya se hartó de seguir tecleando—, con esta entrega renuncio de manera irrevocable a seguir reseñando libros y doy a conocer la próxima publicación de una serie de textos dirigidos a analizar las reseñas escritas por otros. A fin de cuentas, la práctica ha demostrado que se trata de una actividad que goza de una amplia simpatía por parte de lectores y escritores, y sobre la cual no hay que leer mucho para hablar de lo mal que se encuentra la crítica en este país).

Publicado en Letras Libres, abril de 2012.
Anuncios

4 comentarios en “Para entender a los críticos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s