Choques de autos, sexualidades precoces y récords porno

El canon literario, lo que sea que eso signifique, con frecuencia se ha mostrado rejego a los libros que hablan en esencia sobre sexo, incluso cuando la literatura no escasea en personajes que desean malsanamente a otros personajes. Pareciera que los libros de sexo, al menos los intelectualmente respetables, están situados en otra época y hablan de gente que usaba túnicas o corsé. ¿Qué tiene que decirnos la ficción sobre un tiempo como el nuestro?, ¿sobre las costumbres, modos, iniciaciones que los habitantes del cambio de siglo hemos ido experimentando?
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Snuff de Chuck Palahniuk

600 tipos reunidos en un set. 600 tipos que no tienen más cosas en común que su disposición para que Cassie Wright, ex reina del porno, logre batir el récord de más coitos consecutivos. Una suerte de “Autopista del sur” de cuerpos a la espera. Demasiada piel y demasiado tiempo muerto, gente con la que no querrías coincidir fuera de un proyecto de estas magnitudes. Por otro lado, un par de preguntas enrarece el ambiente: ¿estará Cassie físicamente entrenada para soportar semejante estampida, o es que en secreto ha decidido filmar su propia muerte?, ¿quién es ese chico que asegura ser el hijo de la estrella porno y que al reaparecer en su vida décadas después puede representar un peligro para el récord? Nadie como Palahniuk para contar los entretelones de la industria XXX y mostrar a la sociedad norteamericana en todo su fastidio. Al mismo tiempo, nadie como Palahniuk para sacar a relucir cualquier cantidad de datos bizarros: a) Hitler inventó la muñeca inflable, b) el Vaticano esconde miembros cercenados de antiguas estatuas griegas, c) los primeros aparatos domésticos que se electrificaron fueron la máquina de coser, el ventilador y el vibrador, d) etcétera, es decir, ese tipo de información que no te hará ganar un concurso de conocimientos. Snuff es una divertida y angustiosa antesala al sexo, narrada por tres de los participantes y la chica encargada de entregar turnos.  Es, asimismo, un gabinete de fracasados que buscan en el encuentro con la diosa del porno una redención personal. Totalmente Palahniuk.

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Crash de JG Ballard

Para Ballard, nuestro concepto de  futuro ha dejado de existir porque está siendo devorado por el presente de manera cada vez más veloz. Eso significa que todos esos avances preconizados por la ciencia ficción de hace 30 ó 40 años son ya historia y han sido integrados con tanto éxito a nuestras vidas que difícilmente los imaginamos fuera del tiempo actual. Por ello, la literatura ballardiana tiene menos que ver con las  tecnologías hiperdesarrolladas como con la forma en que los avances tecnológicos crean infiernos y paraísos en el interior del ser humano.  Crash es un ejemplo extremo de esta premisa. Escrita con la frialdad propia de un médico que explica una autopsia, esta novela retrata a un grupo de sujetos que obtienen excitación sexual a través de los accidentes de tránsito. Después de un aparatoso encontronazo que dejara inservible su carro, el narrador –llamado sospechosamente Ballard- detalla el aprendizaje de una perversión que implica heridas, regiones genitales, colisiones de famosos y la búsqueda de una lubricidad fuera de norma. Un descubrimiento erótico que involucra a su esposa Catherine, a la superviviente del otro coche, Helen, y al doctor Robert Vaughan (quien les sirve de guía en la consolidación de este nuevo erotismo). En esa prosa exacta, además de la morbosa descripción de los actos sexuales, sólo las distintas partes del automóvil merecen las mismas palabras ardientes que usaría un poeta para hablar de los ojos de su musa. Más allá de la obsesión perversa por los choques de carros, Crash profundiza en la integración del ser humano y las tecnologías, y en el desastre que puede ser visto como una liberación: “Después de haber sido bombardeados implacablemente por la propaganda de seguridad en las carreteras”, confiesa el protagonista, “haber tenido un accidente real era casi un alivio”.

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Las edades de Lulú de Almudena Grandes

La ventaja de sumergirte en el libro –antes que en la película de Bigas Luna del mismo nombre- es la oportunidad de no ver al horrible Óscar Ladoire toqueteando a Francesca Neri, ni escuchar la voz superpuesta de esta última diciendo: “Todo lo que quieras, pero eso no”. Además, si algo hay que agradecerle a la novela es que las escenas de sexo son detalladas e insistentes, o que las felaciones pueden durar una decena de páginas. La trama comienza con Pablo, amigo de la familia de Lulú, que invita a la joven a un concierto. Previsiblemente, la pareja abandona el lugar antes del primer acorde y se desvía del trayecto a casa, tiempo suficiente para que sucedan una buena cantidad de frotamientos, salivaciones y sometimientos. La quinceañera Lulú no tiene inconveniente en describir las confusas emociones que ese y otros encuentros le plantean, ni para detallar las acciones en las que se verá inmiscuida. Con los años y después de ese rito iniciático, la chica se vuelve esposa de Pablo, cazadora de travestis, masoquista, ex esposa de Pablo, prostituta, trabajadora editorial, incestuosa (no en ese orden). En fin, que si fuera posible resumir la novela en una frase, convendría acudir a esta expresión de la propia Lulú: “[Ha sido una] eterna, ininterrumpida, ceremonia de posesión”.

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Porno de Irvine Welsh

Déjame adivinar: alucinaste de tal modo con la película Trainspotting, que puedes identificar a “Rent” y al resto apenas los ves en un cartel. Si estoy en lo cierto, Porno es el tipo de sustancia que tu organismo andaba demandando. Porno cuenta lo que sucedió con esa tropa una década después y lo hace con ese mismo coctel de sátira, amargura y drogas duras que tanto disfrutaste en Trainspotting. El tiempo no ha pasado en balde para un tipo como Simon “Sick Boy” Williamson, quien ha dejado su departamento londinense y ha regresado a Leith, un barrio para clases trabajadoras en Edimburgo. “Sick Boy” descubre que se ha puesto en boga hacer porno casero en las trastiendas de los pubs y decide entrar al negocio.  Concibe entonces la filmación de una “revolucionaria” cinta XXX y para ello recluta a su dotado amigo “Juice” Terry Lawson y a Nikki Fuller-Smith, una estudiante de cine que en sus tiempos libres realiza favores sexuales en una sala de masaje. La situación se complica con la llegada de Mark “Rent” Renton, quien los había traicionado a todos en el pasado, pero que ahora se ofrece a financiar la película, y con la liberación de  Francis “Franco” Begbie, aquel psicópata que tras dejar la cárcel sólo ansía vengarse de “Rent”.  Con esta novela, Welsh confirma su talento para trazar a una generación que se niega a crecer. Narrada desde distintos puntos de vista y con nutridas referencias a la música y a las drogas, Porno no carece nunca de escenas hilarantes, incluso cuando habla de sexo. O quizás debiera corregir: precisamente porque habla de sexo. Indispensable.

La recomendación de mis editores: Ten más sexo y lee más.

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5 comentarios en “Choques de autos, sexualidades precoces y récords porno

  1. Buen artículo. Según yo también hay una película de Crash, recuerdo haberla visto hace años, habría que buscarla :)

  2. Pingback: Porno | TagHall

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