Siempre nos quedarán las reseñas


Esta ha sido una de las mudanzas más largas de la historia: tengo un mes poniéndola de pretexto cada que alguien me pregunta por qué no he actualizado el blog o adónde se me ha ido el tiempo que debería destinar a conseguir un empleo.  Elisa Corona, quien siempre me ha solapado mi vida no productiva (con actividades en las que destacan ir a conciertos de ex adictos que tocan grunge, o componer música o escribir una novela infantil), tuvo a bien tranquilizarme:

“Acabas de grabar un disco”, dijo.

“…y de escribir el último capítulo de tu tesis”, añadió.

Iba a hacer algunas aclaraciones acerca de los conceptos diametralmente distintos que tenemos sobre “terminar una tesis”, pero ella, con mejor memoria que yo, dijo:

“Además sigues publicando reseñas de libros, me parece”.

Y bueno, no encontré modo de justificarme ante eso. Se supone que para ser reseñista uno necesita de ciertas virtudes de las que con seguridad yo carezco, entre las más importantes, la voluntad para aceptar que se trata de un apostolado (o esa impresión me dan los constantes llamados académicos y no académicos a hacer crítica auténtica  en nuestras publicaciones).  Yo, que soy un advenedizo, aún sostengo que la mejor forma de decir la verdad sobre un libro es pagar por él y en consecuencia hablar desde la situación que contempla haberse librado de algunos satisfactores más bien básicos por culpa de su lectura. Ninguna observación será tan honesta, como aquella que tenga como referente las privaciones a las que te tienen sometidos los precios de Acantilado, por ejemplo.

Por otro lado, siempre tengo la impresión de que he hablado más de pornografía que de literatura, lo cual no significa que mi devoción hacia ambas actividades sea proporcional (he pagado infinitamente más por libros que por porno, aunque trato de compensar esa desigualdad a través de las horas de consumo). Claro está que si buscas dedicarte al negocio de las letras, es mejor decir, junto con Borges, que te enorgulleces más de los libros que has leído que de los que has escrito (y no decir que te sientes más orgulloso de los videos porno que has visto que del sexo que has tenido). Ahora bien, lo extraordinario de las reseñas de libros –además de que puedes utilizar fórmulas como “ahora bien”-  es que te mantienen en activo y en algún momento en que te sientas particularmente inútil, puedes reunirlas y hacer un post como éste (o en situaciones aún más dramáticas hacer un libro). Yo, por el momento, me conformaré con un post.

Por todo lo anterior –expresión que en el código de los estudios literarios significa que alguien ya se hartó de seguir escribiendo- hoy hablaré de libros.

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1. Decencia de Álvaro Enrigue

“Para decirlo pronto: Decencia es lo que sucede cuando un narrador tan capaz como Álvaro Enrigue (1969) se pone a escribir “decentemente”. Para llegar a esa afirmación permítanme apelar a cuatro tesis: a) Una novela debe ser mejor que su sinopsis, b) Una novela debe ser mejor que sus spoilers (de trama y de teoría), b) Una novela deber ser mejor que la frase más citada en sus reseñas (“tanta Revolución para que al final terminemos siendo mexicanos”, por ejemplo); d) Una novela debe ser mejor que sus buenas intenciones (no sé si ustedes han tenido alguna del tipo: “Esta vez escribiré una historia, en dos tiempos, como un esfuerzo individual por entender por qué en este país todo tiene que ser siempre una mierda”). En Decencia no se cumple ninguno de esos cuatro incisos”.

LEER “IDEAS SIN NOVELA” EN LETRAS LIBRES.


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2. Mañana o Pasado. El misterio de los mexicanos de Jorge G. Castañeda

“Asumir el misterio de los mexicanos se parece mucho a averiguar las razones de un amor fallido: un ejercicio de la memoria que es al mismo tiempo masoquismo documentado. ¿En qué fallamos, por qué, es posible remediarlo? Acostumbrados a venerar el estatus de víctimas, nuestras explicaciones sobre por qué no tenemos el México que queremos terminan pareciendo confesiones de diván (o de cantina, a falta de una imagen aún más estereotípica). Y qué nos extraña: las canciones rancheras han sido un exitoso retrato sentimental en tanto nos hablan de que las cosas salieron, están saliendo o saldrán irremediablemente mal”.

LEER “EL PAÍS PROBLEMA” EN LETRAS LIBRES.

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3. Matando monstruos. Por qué los niños necesitan fantasía, super-héroes y violencia imaginaria de Gerard Jones

“En tiempos violentos, pocas cosas tan necesarias como Matando monstruos (Ares y Mares, 2002), el libro donde Gerard Jones explica “por qué los niños necesitan fantasías, superhéroes y violencia imaginaria”. Refutando las consabidas evidencias científicas que asocian la violencia televisiva con la real, Jones desentraña los sesgos metodológicos que dirigen esas investigaciones para que digan lo que los padres (y las fundaciones que financian esos estudios) quieren oír: que los programas y los juegos violentos generan más violencia. Porque la tesis de Jones apunta hacia otro lado: a la necesidad de que los niños participen en juegos violentos a fin de volver asequible el mundo”.

LEER “NO DEJE ESTE ARTÍCULO AL ALCANCE DE SUS HIJOS” EN REVISTA EN TIERRA DE TODOS.

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NOTA: Cabe aclarar que Emma Watson no está leyendo ninguno de los libros sobre los que he hablado.

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4 comentarios en “Siempre nos quedarán las reseñas

  1. Me pregunto si “Emma Watson” está escribiendo algún libro que, ineludiblemente, tendrás que reseñar en algún momento.

  2. Roque: según mis informantes, Emma estaba (o está) estudiando literatura. ¡Apúntate a todos los congresos!

    Pollo: Sí, claro que sirven. Ahora pronto escribiré también una defensa.
    Saludos.

  3. Te reto a que hagas reseñas de libros de contabilidad.
    P.D. Abandonó la carrera la bella Emma. Cada que daba una respuesta correcta, el salón entero gritaba al unísono: “punto para Gryffindor”. Hijos de puta, quién dice que los ingleses no son tan creativos en la maldad como nosotros.

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