Leer a bajo costo



¿Cómo elegimos un libro? Me parece que hay una veintena de cosas a considerar: a) las recomendaciones de nuestros amigos, b) los clásicos universales, c) los libros que nuestros maestros o el tutor del taller literario dicen que son indispensables, d) las novedades elogiadas en las reseñas del periódico o la revista, e) los libros que queremos leer sin saber muy claro por qué (De la nefasta influencia de los campechanos en la política nacional), f)  los que encajan en algún subgénero (policial, terror, o más frecuentemente: obligatorios de la maestría), g) los que no encajan dentro de un subgénero conocido (De los perros que saben que sus amos están camino de casa y otras facultades inexplicadas de los animales), h) los que tienen un diseño irresistible (The History of Men’s Magazines), i) los que tienen un cintillo donde Harold Bloom se deshace en halagos, j) los de un autor recomendado, elogiado o vilipendiado por autores que respetamos, amamos u odiamos, k) los que tratan de un tema que nos interese (el erotismo, la tenencia de la tierra, la música del siglo XIII), l) los de un escritor que acaba de morirse, m) los de alguna editorial cuyo catálogo nos haya dado suficientes alegrías para confiar en ella, n) los nacidos en nuestra década o zona geográfica, de modo que si eres escritor te sientas comprometido a saber qué hace la gente que tiene más o menos tu edad o comparte contigo el gentilicio, o) que hayan inspirado alguna película premiada (los Óscares destapan cada año una decena de títulos), p) los que hayan sido escritos por una mujer (nunca pierdes la confianza de que esa chica que escribe tantas veces la palabra “semen” en sus poemas esté guapa, aunque la realidad tienda a desmentirte); q) los que supongan la unión entre dos nombres igualmente confiables (Auden hablando de Shakespeare, Maupassant escribiendo sobre Flaubert), r) los que contengan una buena dosis de chismes (los diarios de Cheever, la correspondencia de Capote, Los Contemporáneos ayer), s) los de título afortunado, t) los que son baratos.

El tiempo es dinero, así que si tienes dinero posiblemente no querrás perder tiempo buscando libros y preferirás invertir las horas disponibles sumergido en su lectura. Sin embargo, no todos podemos ir a una librería y decir: “Me da todo lo que haya de Pavic”, porque probablemente no tengan más que un título. En ciertos casos, esa técnica es poco recomendable (en provincia el riesgo de frustración es muy alto); y para los lectores de gastos reducidos ni siquiera es digna de consideración. Respecto al amor y los libros, los pobres y los feos tienen que escoger de lo que haya disponible.

Un libro comienza desde que lo hallamos. La cantidad de peripecias que rodean a un ejemplar entrañable forman parte de su paratexto. Si la biografía de un autor determina a veces la manera en que nos acercamos a un libro, no es de extrañar que nuestra biografía alrededor de un título sea también un prólogo que lo haga distinto para cada lector.

Pareciera que hay formas más nobles que otras para llegar a un libro: la búsqueda por bibliotecas extranjeras, el encuentro con individuos extravagantes que te dan pistas sobre un autor olvidado en la Italia del Renacimiento. Pero no son menos heroicas las apuestas por un título que representa una comida menos en tu vida de estudiante universitario. No todos podemos rastrear libros como si persiguiéramos la segunda parte de la Poética de Aristóteles.

Buscar libros con el presupuesto limitado supone desarrollar el instinto sobre qué leer. Si la vida cotidiana ha determinado escoger entre perder tiempo o dinero, algunas formas usuales de la ficción como el cine o la literatura pueden darnos la sensación de que se puede perder tiempo y dinero simultáneamente. Un libro aburrido es una catástrofe doble si hemos desembolsado demasiado por él. Además, un libro caro es tortuoso porque resulta difícil de abandonar al primer atisbo de sopor.

Los libros tienen un precio alto esencialmente por dos motivos: o son muy raros, o son muy nuevos. La rareza responde a la ley de la oferta y la demanda, y también a la posesión de una obra de arte escasa (casi como las litografías de pintores famosos). Las novedades encierran el engaño del suceso: lo último, o por lo menos lo que se está leyendo en ese momento. Porque los libros recién salidos nos ponen en contacto con otros lectores, y nos dan el pase de entrada en el lobby donde se puede hablar de literatura en los periódicos. Las reseñas, las presentaciones, las inserciones pagadas son formas “noticiosas” del libro. Las editoriales vuelven “comprables” ciertos títulos porque por principio de cuentas los han vuelto disponibles.

Pensar en libros baratos nos da la idea una literatura devaluada. Pero se trata de una percepción errónea. La práctica nos ha demostrado que la calidad de una novela, de un libro de ensayos o de una compilación de cuentos no viene avalada por la caja registradora. Uno puede comprar libros ateniéndose solamente al bajo precio, del mismo modo que lo hace ateniéndose a las reseñas de los diarios. Una manera se centra en el costo, la otra en su supuesta “noticiosidad”.

En ningún momento prescindirás de buena literatura si buscas libros usados, viejos o saldos de supermercado.  Podemos considerar el precio bajo como otra manera de organizar las lecturas (tan válida como la editorial, el autor o el tema). Uno puede tener intereses muy específicos y pagar lo que sea por los libros que nos cumplan los caprichos o alivien la necesidad, pero el costo nos da la oportunidad de arriesgar por los desconocidos,  atender decenas de sugerencias o desarrollar el instinto. Gracias al precio rebajado leemos cosas que quizás de otro modo nunca leeríamos, como sucede -a veces para nuestra desgracia-  con otras determinantes: como los gentilicios o los obsequios de las secretarías estatales de cultura.

Para leer a bajo costo nada mejor como tener curiosidad, como poner atención a las recomendaciones que nos da el azar.

Este artículo ha sido publicado en el número 6 de la revista los perros del alba.


Anuncios

10 comentarios en “Leer a bajo costo

  1. Haz como yo… ve a las librerías a leer cuentos cortos o cuentos para niños… ya me alucinan en Casa 6 y Levante. “Esa muchacha lleva horas y no compra nada. Ha de ser muy exigente, no se lleva cualquier cosa, le revisa cada detalle”. Mjú Jojojo

  2. Excelente lectura!
    Y bueno, yo que puedo decir, encajo en varias de sus clasificaciones al momento de elegir una lectura.
    Pero tengo un as bajo la manga: la biblioteca escolar. He disfrutado tantos clásicos y conocido nuevos autores gracias al “poder” que me otorga ser maestra de secundaria. Y bueno, no los compro, sólo los tomo prestados Ü

    Un abrazo

  3. Un problema de leer a bajo costo es la cantidad y finura del polvo que emanan algunos volúmenes comprados en librerías de viejo. Con esos libros he tenido que dejar la lectura en la página 20. Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s