Mujeres que leen (y aman a otras mujeres)

1.

-Me pregunto de qué hablará el día en que se acabe la homofobia –me dijo la chica que estaba al lado mío. Entendí de inmediato a quién se refería: a escasos metros, una mujer despotricaba contra una sociedad que la reprimía por ser, en sus propias palabras, fea, lesbiana y de Izquierda.

Me encantó que dijera eso. Le di la mano a la desconocida, pero no hubo presentaciones.

-Por cierto, ¿sabes cómo una lesbiana hace enojar a otras lesbianas?

-¿Cómo?

-Mira –y señaló a sus pies-: usando zapatos bonitos. No los soportan.
d

2.

Ahí estaba yo: en el Coloquio de Escrituras Sáficas. ¿Cómo llegué? Es algo difícil de explicar si tomamos en cuenta que vivo en Puebla y que en ese momento me encontraba en un café-librería de la Zona Rosa, tomando apuntes, observando el mundo. En el fondo lo que intentaba era ponerme al día. Mi adolescencia estuvo poblada de lesbianas de ficción. Lesbianas de películas softcore y películas hardcore. Lesbianas de revistas Cheri y anuncios de líneas calientes. De esas imágenes estuvo hecha mi vida de los 10 a los 18, un periodo con que asimilé las caricias entre dos chicas como una infalible estrategia de los productores cuando la cinta empezaba a ponerse soporífera. Ahora quería contemplar a lesbianas de verdad haciendo cosas de verdad, digamos: leer poesía en voz alta.
d

3.

Una de las asistentes me platica la presentación de la tarde anterior.

-Te hubieras divertido- me cuenta-. Llegó Ana Francis Mor y lo primero que dijo fue: “Mujeres, me acaban de pedir que muevan sus tráileres para descongestionar las calles aledañas”.

Reí, por supuesto.

-Es bueno, ¿no? Pero lo mejor fueron las caras de las asistentes: creo que hicieron la misma expresión que mostraron sus papás cuando las vieron en las primeras manifestaciones gay. Y todavía faltó lo mejor: “¿Cómo reconoces a una lesbiana?”, preguntó Ana Francis. “Porque usa el mismo peinado de Pablito Ruiz”.

Tuve que reunir fuerzas para no mirar alrededor y soltar una carcajada.

-¿Crees que a las lesbianas les hace falta reírse más de sí mismas o al menos de sus estereotipos?- quise saber, pero la chica no me respondió porque alguien a lo lejos mencionó una palabra que no alcancé a distinguir.

-Uta, ya van a hablar de Amora, otra vez.

-¿Qué es Amora?

-Es como El Vampiro de la Colonia Roma, pero con lesbianas. Ya sabes, el “clásico”, el tipo de cosa que no estoy dispuesta a leer sólo porque me gusta otra mujer. Qué quieres que te diga: nací en los ochenta.

Lo sabía: no importa cuál sea tu preferencia sexual o con qué minoría te sientas comprometido, el cambio generacional es el cambio generacional.
d

4.

Me da la impresión de que una lectura lésbica no es diferente a otras lecturas de poesía. Al fin de al cabo, literatura es literatura y hasta dónde sé, los recitales son parecidos aquí y en cualquier parte del mundo. Al frente, una decena de mujeres alista sus carpetas mientras la moderadora lee sus fichas curriculares. Las hay primerizas y otras con muchos libros en su haber. La primera participante en tomar la palabra quiere empezar con una pequeña dedicatoria:

-Quiero decirle algo a (acá viene un nombre que no recuerdo, pero que identifico con la señora que está delante de mí). Quiero decirle que me gusta…

Antes de que mi corazón se apretuje por esa muestra de ternura, la poeta da inicio a su lectura:

-…Porque me gusta tu vulva

me gusta su sabor

me gustaría poder olerla todo el tiempo…


Ahora estoy un poco confundido. ¿Una lectura de poesía lésbica podría entonces no ser como otros recitales? Por ejemplo, si un día de estos me daba por dedicar ese mismo poema a alguna joven del auditorio, creo que nadie celebraría mi libertad sino que más de uno incitaría al resto del público a desfigurarme la cara con una pluma fuente.
d

5.

Apunto en mi libreta: “Los lugares comunes no dejan de serlo porque se digan desde una supuesta posición de excepción, como la que otorga el lesbianismo. Sin embargo, algo sucede que cuando un escritor o escritora sale del clóset (literario y sexual) aplaudimos la valentía, pero nos hacemos de la vista gorda con la calidad”.

No hubo pocas poetas que se centraron en hacer literatura más que en destacar la particularidad de sus preferencias. Eso me hizo sentir que mis opiniones no eran producto de una homofobia oculta, sino resultado de una neurosis potenciada por la edad: cada vez me cuesta más trabajo aguantar una lectura de poesía sin desear que un ancla me caiga en ese instante. El micrófono corrió de una voz a otra, de una forma de leer a la opuesta. Me agradó que las más jóvenes hablaran de amor, sin tener que decir: soy alguien diferente. De cierto modo, esa postura corroboró que nada es inmune a las diferencias de edad.

d

6.

Escuchando a una de las participantes, elaboré cierta fórmula efectiva si no para escribir un poema lesbiano al menos para leerlo. El secreto es –apunten eso, chicas- entonarlo con voz susurrante, prolongar ciertas vocales y marcar los finales de verso con un guiño pícaro. El siguiente ejemplo puede ser ilustrativo:

Tus peeeeechos (sonrisa)

Tu ombliiiiiigo (sonrisa)

Tu seeeeeexo (sonrisa)

Tooooodo (sonrisa y ademán)

Míiiiiiio (sonrisa)

d
7.

Final climático.

Durante la última ronda de lectura, una poeta toma el micrófono, prolonga por un minuto esa mirada cautivadora que ya le conocemos y anuncia: “Quiero dedicarle este último poema a mi prometida”, y tras dar a conocer un texto que había escrito esa madrugada, camina entre las sillas del público hasta llegar a la última fila y besar a la mujer con la que se casaría en breve. El público estalla en aplausos. Lo acepto: derramo una lágrima.

d

Final anticlimático.

Un par de minutos después otra de las poetas (ratifico: invitada al Coloquio de Escrituras Sáficas) no se quiere quedar atrás y toma el micrófono para decir: “Siendo hoy Día de la No Discriminación espero que nadie me discrimine por traer a mi marido, ese muchachito que está ahí y al que le llevo 30 años”. La única reacción es que el mesero carraspee, después de tragarse una mosca.

d

8.

Cuando le platico a una de mis informantes a qué me dedico me hace jurar que no usaré su nombre propio para esta crónica.

-¿Lo haces para que no se enteren tus papás o tus conocidos?

-Qué va- me aclara-. Lo hago para que no se enteren las otras lesbianas.

Anuncios

11 comentarios en “Mujeres que leen (y aman a otras mujeres)

  1. Jajaja, qué crónica tan buena. Y tan cierta además. Que se tome una posición diferente a la del resto no quiere decir que eso sea la condición que la excluya de los mismos errores que se critican.

  2. Eduardo

    Excelente escrito master

    (te escribo esto para que rodrigo solis se tome dos minutos de su emocionante vida y piense en otra cosa para comentarte)

    Ya en serio me parece una crónica muy interesante, lástima que no te animaras en las pausas a organizar una reta de futbol entre las poetisas y asistentes.

    Pero el escrito es muy bueno e incluso me evocó un par de recuerdos de una turbulenta época en mi vida en la que creía que era un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer.
    Claro que un mes después nací y todo adquirió un nuevo sentido.

    saludos

  3. Solo tengo dos minutos, que quede constanciaSolo tengo dos minutos, que quede constancia, Selva me espera en la cama para hacer un trío (lástima que en la cama solo un integrante tenga vagina). Excelente, maravillosa crónica. Espero con ansias te arribo a Mérida para platicar largo y tendido.
    P.D. Master, punto 4, primer dialogo, sospecho que quisiste decir “identifico”

  4. Eduardo
    A que no tienes las guayabitas para, en el próximo coloquio, levantarte de tu asiento y decirle a todas:
    ” Las lesbianas no existen. Sólo existen las mujeres que no han conocido a Eduardo Huchin.”

    Rodrigo
    Solis -1, Pig -0

    pd.- es cierto que, para colmo, el único integrante del trío que tenía vagina eras TÚ?

    saludos

  5. Rodrigo

    jajajaja

    Ahora que para Sexo Olímpico, el que tenemos mi mujer y yo: una vez cada 4 años, la sede todavía está por decidirla el comité en reunion especial

  6. =) No se porque, me tardé tanto en leer esto.
    Muy bueno Eduardo. No te imagino en medio de tanta mujer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s