Los lectores salvajes


Ciudad de México.- Hartos de ser desplazados de los mejores espacios de las librerías, los bibliómanos atacaron este sábado con ediciones de pasta dura a los compradores de bestséllers en la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, gresca que tuvo como saldo una treintera de detenidos.

La reunión originalmente programada para compartir el último libro de Guadalupe Loaeza, fue interrumpida ante el arribo de seis lectores de Bolaño, a quienes se les intentó sacar de inmediato del lugar. Los bestselleros corrieron a golpear a los recién llegados con ediciones gigantes de Manual de la Gente Bien, lo que desembocó en una nueva muestra de intolerancia.

Pasadas las cinco de la tarde, se dio un nuevo enfrentamiento, cuando los lectores de editoriales pequeñas (conocidos como “indies”) llegaron con refuerzos al sitio. Durante la riña se escuchó algo que parecía ser una detonación, pero en realidad era un estante de publicaciones universitarias que se había venido abajo.

Una valla de trabajadores de la librería separaba a ambos bandos, preguntando a unos y a otros: “¿Qué libro anda buscando señor?, ¿en qué lo puedo ayudar?”

Sólo la aparición de un grupo de otakus, quienes reclamaban la inclusión del manga como forma de literatura, trocó los ánimos agresivos por unas risas desternillantes de ambos clanes.

Un erudito de la UNAM, que había usado el Nuevo Corpus de Margit Frenk para agredir a un integrante de la otra tribu, declaró: “Los odio, no pasan de Isabel Allende o J. K. Rowling. Se roban nuestro estilo. Ve a ese tipo de ahí, igual tiene coderas en su saco”. Según los “bibletos” los besteselleros habían copiado algunas costumbres de los bibliómanos como leer en el metro o usar lentes de pasta y fueron esas imitaciones las que provocaron su ira.

“Por lo general los hombres de libros son gente pacífica, ¿cómo alimentaron su coraje en tan poco tiempo?”, se les cuestionó.

“A dosis dobles de Fadanelli la última semana”, dijo el académico.

“Mata a un bestsellero y te regalamos la autobiografía de Pitol”, decía la propaganda difundida por Internet, pero también por medios más tradicionales como post its dentro de las ediciones de Anagrama disponibles en las librerías.

Algunos organismos como el Instituto Mexicano del Libro han reprobado las agresiones contra bestselleros. A través de un documento ha exhortado a los compradores eruditos a no alimentar este clima de odio e intolerancia. “Lo único que están logrando es que se cierren los espacios para más lectores”, consideraron. El comunicado -con el título de “Diles que no los maten”- ha empezado a circular ya por Internet.

FUENTE: LEE +

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9 comentarios en “Los lectores salvajes

  1. Si a esas vamos también habría que provocar un safarrancho entre amantes del CD contra los “mp3ceros”; los que leen novela gráfica vs cómics; los que compran partituras vs los amantes del “guitarra facil”; los que compran libros en la de cristal vs los que los compran en los tianguis; los que aman la poesía de “100 poemas para la novia” vs los que están en el último libro de… de… de…
    Ja ja ja no la chiflen, que es cantada. ¿Tan mal estamos que ya llegamos a esos niveles de intolerancia? o ¿tan bien estamos que ya se puede pelear por algo tan banal?

  2. Estás cabrón maestro… te compro, o al menos te alquilo, entre este texto y el de 31 minutos me has hecho reir más de lo que Fox, que mira que se esforzó, pudo nunca hacerlo.

  3. Muy divertido y estupendo texto. Me recordó que también respecto de las nociones de lectura y lector se cuela un problema de intolerancia, ¿por qué no dejar en paz a los lectores de loqueselesdesurregaladagana? ¿Acaso sólo quienes leen el canon que imponen algunos cuellos alzados son los “auténticos lectores”, como hay quien los ha bautizado? Si se repudia a los “bestselleros”, que tienen el derecho de elegir libremente lo que leen, ¿qué se dirá de los lectores que no compran libros ni van a las bibliotecas, pero leen cuantos textos se les cruzan en el camino casa-trabajo-casa: anuncios publicitarios, las primeras planas de los periódicos en los estanquillos, los carteles del metro, los graffitis y, alguno que otro texto que les cae en las manos. ¿Acaso merecen ser repudiados?

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