A mí que me expliquen con títeres


Lo mejor de 31 minutos es que produce el efecto de una película porno a la inversa: lo vemos a escondidas, precisamente porque no es para adultos. Protagonizado por títeres que dan las noticias (los muñecos son reales, no es ninguna metáfora), el programa chileno se ha erigido en sus tres temporadas como una de las apuestas más inteligentes de la televisión actual. Y no sólo en el rubro infantil, hago la aclaración.

La emisión fue concebida por los periodistas Pedro Peirano y Álvaro Díaz, quienes adaptaron su conocimiento del medio para crear un noticiero que fuera atractivo para los pequeños, pero que no resultara un simple catálogo de consejos para crecer. Nada de enseñar los números, nada de dar catecismo para ser buenos. Los mismos creadores lo explican: “Nuestros personajes son más bien moralmente relativos, no son perfectos, (pero) tienen su pequeño oficio, o sea, (…) no son un modelo para los niños”.

Así nació 31 minutos, un ejercicio de subversión continua, un programa que se ha vuelto de culto para los adultos, quienes disfrutan el ingenio de sus canciones, las peripecias de sus personajes y sus sorprendentes acercamientos a la realidad.

Lo mejor de 31 minutos es que está hecho, de verdad, con tres pesos (chilenos, aclaro). Sus títeres parecen salidos de cualquier cajón de sastre o de la repisa de peluches de quien fue adolescente en los ochenta. Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque, Policarpo Avedaño, Mico el micófono y el superhéroe Calcetín con rombos man, entre otros personajes, tienen más que ver con un bazar de ropa usada que con un set de televisión. Sin embargo, su encanto proviene, como sucede con el ser humano, de haber cobrado vida a partir de un material tan precario.

Lo que menos quiere ser 31 minutos es un programa educativo, y eso no significa que deje de educar. Es decir, su pedagogía proviene de compartir una visión crítica sobre el mundo, una poco complaciente postura acerca de la realidad. No por nada es un programa que incluso critica a la televisión. En el video “Doggy Style” (¿en qué mente genial se concibió titular así una canción infantil?) unos perros cantan el itinerario de lo que hacen mientras su amo no está. Entre las muchas libertades que se toman dentro de la casa está el ver “la basura que dan en la televisión”.

¿Cómo evita 31 minutos la ñoñez? Con un humor que resulta incluso disfrutable para el público mayor. Los productores de otros programas infantiles cometen el pecado frecuente de creer que sus emisiones sólo serán vistas por niños, o peor aún, que nunca hay que mencionar nada que no sea entendible para los infantes. Peirano y Díaz saben que eso es mentira, que los niños saben muchísimas más cosas de las que quisieran sus padres. Al fin de al cabo ambos habitan un mismo mundo y alternan su propia biografía con la historia que le llega desde la escuela y los noticieros. Los periodistas chilenos lo explican de esta manera:

“Estamos seguros de que no es necesario que los niños comprendan todo del programa, porque a veces usamos palabras que no son aún muy conocidas por ellos, pero al ponerlas en su mundo estamos abriéndolos un poco más”. Esa declaración está sin duda emparentada con aquella memorable frase de Ludwig Wittgestein (“Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”), pero también con la idea (debida a Michael Ende) de que “cuando algo es inteligente lo es para personas de cualquier edad”.

31 minutos trata problemas actuales. En uno de sus mejores capítulos el artista extranjero Jacobo Fotonolovsky llega a la ciudad para fotografiar a cientos de títeres desnudos. El reportaje, una abierta y divertida alusión a Spencer Tunick, recoge incluso las “protestas de grupos de amargados que no tenían nada que hacer”, quienes con pancartas en mano gritan: “¡Inmoral, inmoral!” La escena del desnudamiento colectivo de guiñoles es una de las cosas más divertidas que pueden verse en televisión.

Quizás el eje más representativo de esta serie sean las canciones. Presentadas a manera de top (donde los artistas suben y bajan en el rankin), la banda sonora de 31 minutos no sólo es un despliegue de deliciosas melodías sino de las temáticas más diversas. Desde “Yo nunca me he sacado un siete” (cuya inolvidable estrofa reza: “El psicólogo dijo: dislexia, el cura: semilla del mal, los padres que soy mala junta y el rector sólo me quiere echar”) hasta “Equilibrio espiritual” (donde un quemante Freddy Turbina cuenta cómo le quitó las rueditas chicas a su bicicleta).

En este rubro tengo que apuntar a mis favoritos: “Me cortaron mal el pelo” (“ni con partidura en medio, esto no tiene remedio”), “Ring raja” (sobre la adrenalina que desata tocar un timbre y salir corriendo), “Ríe” (¿en qué otra tonada de motivación se puede escuchar la frase: “Porque en esta vida siempre vas a fracasar, jajaja”?) y “Tangananica, tangananá” (nadie sabe qué diablos significa pero es uno de los himnos del programa).

¿Esto es lo que ven ya los niños? ¡Qué bueno! 31 minutos es más crítico que muchos noticieros con gente de carne y hueso (por ejemplo, su parodia de los teletones, “el mangueratón”, es una caricatura puntual del altruismo vuelto espectáculo). Y para quien no me crea que los niños están viendo cosas más inteligentes que sus hermanos mayores o sus papás, van unos versos de la canción “Yo opino”, interpretada por “Joe Pino y sus maniacos depresivos”:

“Yo opino que si opino un pensamiento
Que me venga a la cabeza
Hago crítica social.

Yo opino que el Gobierno está en lo cierto
Y también equivocado
Dependiendo de qué lado.

Yo opino porque leo bien los diarios
Y los leo diario a diario
Para seguir opinando”.


Vaya, es tan cierto que no deja de dar risa.

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7 comentarios en “A mí que me expliquen con títeres

  1. He crecido, o dejado de crecer, según se vea, con este excelente programa. Por supuesto que he tenido novias, hoy ex novias, amargosas, que me dejaron de hablar por ver este programa. Leer tu texto me hace cargar las pilas y tramar nuevas travesuras, yija

    Un abrazo, máster

  2. Este programa, como suele suceder, me atrapó primero con su música. Verdaderas dagas las canciones, son brillantes, rítmicas y muy inteligentes. Una de las partes que más espero es precisamente el ranking de Policarpo Top Top Top. No son menos las encuestas de Mico el micófono y los reportajes de Juan Carlos Bodoque (el de los perros de la calle y sus notas verdes son geniales). Háganse un favor y véanlo!

  3. Genial Eduardo. Chingados,No mames, juro que la semana pasada pensé en hacer un post sobre las canciones de 31 minutos. Me ganaste , ja.

    Me declaro fan de 31 minutos y sus canciones. Chécate las versiones o covers de cantantes famosos. Sidarttha canta la de castillos de arena. Excelente.

    P.D. La versión de rin ji raja está rompe madres

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