Totalmente Palacio

La de Minería es una de esas ferias donde lo último que puedes ver son libros. La amiga te apura porque la presentación de tu otra amiga está a punto de empezar, la gente te pide permiso para ver el mismo anaquel donde has estado los últimos diez minutos, demasiadas chicas con lentes de pasta te distraen y aquel libro de Doctorow que no te decidías a comprar de repente ha desaparecido. Cambias de salón, pero la histeria es la misma. ¿Qué te impulsa a buscar una y otra vez en la torre de saldos del FCE en busca de un libro que no sea de Victoriano Salado Álvarez?

Preguntas por El Superzorro de Dahl, pero Alfaguara ya sacó una edición en pasta dura y quemó las anteriores. Sexto Piso te recuerda que a menos que tengas una empresa cotizando en la bolsa eres indigno de leer Todo lo que quería decir sobre Flaubert. Sorteas los estantes de Porrúa porque nada define mejor la imagen de un perdedor que una bolsa con libros de la colección de Escritores Mexicanos.

Un tipo quiere poner el dato erudito para impresionar a su novia (“¿Por qué crees que los románticos mexicanos como Acuña andaban todos ojerosos?” “Ni idea”. “¡Porque se masturbaban todo el día!”), dos veinteañeros hablan de la feria de los libros de ocasión, que se ha montado a unos metros de la de Minería (“¿No te gustó?” “Para nada. Lo que yo quería eran libros baratos, no libros viejos”), la plática de la pareja se vuelve un inventario de autores (“Pero, ¿y Xavier Velasco?, ¿y Alberto Chimal?”) que no entiendes hasta que el tipo interviene (“Ya párale. No todos los ojerosos son románticos”).

En la sala de Conaculta, una mujer toma dos libros de Tierra Adentro, compara sus contraportadas, deja uno en el estante y toma otro más, compara y vuelve a dejar. Hace la operación una decena de veces. Leyva y los ensayos sobre Pitol llegan a las semifinales, pero no logro ver al ganador. Por su vestimenta se diría que la mujer tiene el dinero suficiente para comprar una caja llena de libros de Taschen, pero los autores de provincia le ameritan media hora de competencias.

Rumbo a la salida te acompaña un joven premio nacional. Antes de llegar a la puerta, lo intercepta un reciente becario del FONCA. Te lo presenta… por tercera vez, porque el becario no recuerda que ya te conocía (fue hace cinco años y todavía hace dos volvió a ignorarte). Hablan de una fiesta por el aniversario de Almadía. Se piden sus números. Les reconforta descubrir que el otro también tiene la foto de su bebé en el celular.

Hay calor, sientes que te ahogas. Sales a toda prisa. ¿Y dónde están Chesterton, Tom McCarthy, Silverstein? Lo único que pudiste conseguir fue un programa de mano.

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3 comentarios en “Totalmente Palacio

  1. Cada vez que tengo que decidir entre una feria del libro y un partido de futbol americano con mis cuates, me decido por lo último.

    Y todo porque los bochornos hacen ver a los poetas como tamaleras o reinas de fiesta gay

    Un abrazo, y excelente texto master

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