¿Y para cuándo el posgrado y los hijos?

¿Y LOS HIJOS?

El único ser vivo que he adoptado como hijo es una gata que me clavó su uña en el pecho cuando quise cargarla. Desde entonces veo con cierto recelo la paternidad, lo que no me quita que cada quincena llore como si tuviera que mantener una prole de ocho niños.

«No basta con traerlos al mundo», dice la canción y a veces tengo la impresión de que para tener un hijo se necesita una voluntad de hierro como la que ha tenido mi papá para aguantar a gente como yo.

Y es que llega uno a cierta edad en que todo mundo ve con desconfianza que no te hayas reproducido.

—¿Y ya fuiste con el médico? —me dicen los amigos, como si en realidad me hubieran descubierto una erupción vergonzosa en el pecho.

—No — les respondo y ellos me devuelven una mirada de «en Tijuana hay unos doctores…”.

—Ya tienes 30 años —continúa alguno—, no es que te tengas que seguir comportándote como un adolescente. Ya pasó la prepa y la carrera, tienes que pensar en sentar cabeza.

Eso significa: «te queremos ver viviendo la misma miserable vida que nosotros».

—Un momento. Yo estoy bien…

—No intentes justificarte. Ve las cosas que haces…. Sólo hablas de caricaturas, cómics y series de televisión… ¡Tienes un grupo de rock, por Dios! Déjale eso a los muchachos de 20, a quienes la única escasez que les preocupa es la de gel para el cabello.

—Hey, que Keith Richards tiene la misma edad de tu papá.

—Pero es famoso, tiene dinero y posiblemente más hijos que los que pudo procrear toda nuestra generación junta.

—Es verdad —digo y mejor cambio de tema.
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¿Y EL TÍTULO?

La mayoría de las veces, experimento escozores cuando la gente me comparte su idea de superación. Escalafón a escalafón: estudiar, titularse, una maestría, un doctorado en España, regresar al estado pensando que nadie nos merece. Y en un plano paralelo: tener novia, el primer empleo, casarse, un hijo, un empleo más, el siguiente hijo, volverse compadre de uno de tus compañeros de trabajo, colaborar en la campaña de un amigo de tu amigo, finalmente trabajar en Comunicación Social de una dependencia.

—¿Todavía estás viviendo acá? —me dicen los que fueron mis maestros en la preparatoria– Yo te imaginaba por lo menos en la UNAM.

Bajo la mirada como cuando Pedro Infante reconoce a su hijo en Un rincón cerca del cielo.

—Pero es que tengo ya la edad de un “porro” —les respondo.

—Mucho mejor —me dicen burlones—, es la carrera con más futuro que hay en la Universidad.

Ríen y se van. Sólo entonces comprendo por qué siguen dando clases en tres prepas distintas.

De la superación infinita nadie se salva. Siempre hay un escalafón más arriba, siempre hay algo que deberías hacer y todavía no has intentado. A mis amigos con maestría, los atosigan preguntándoles cuándo terminarán la tesis; a quienes ya hicieron la tesis, les dicen: «¿Y ya pagaste la titulación?» A los que ya tienen un papiro del Tec de Monterrey en sus paredes no falta quien les comente: «Hay unos doctorados extraordinarios en España». Pero eso no es todo, estudia en Europa y lo más seguro es que tarde o temprano recibas un mail remitido por una fundación que siente haber invertido más en ti que todo el sector hotelero: «Bueno, señor, ¿usted cuándo piensa volver a regresarle a Campeche todo lo que le ha dado?»

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LA UNIVERSIDAD DE LA VIDA

Mantener un noviazgo por más de cuatro años es como haber terminado la carrera y ejercer sin cédula. La gente te ve de manera sospechosa, por no decir que te tacha de ser un irresponsable. Cada que hay oportunidad alguien te pregunta: «Bueno, ¿y es que no piensas casarte?» que es como si en el fondo te dijeran: «¿No vas a desperdiciar cinco años de estudio para luego no titularte, verdad?». Dejemos algo en claro: la gente no quiere hablar de semestres escolares, como tampoco quiere hablar de años en una relación, es más, no les interesa si fuiste o no feliz en ese tiempo; en realidad, sólo quiere que la invites a tu examen profesional o a tu boda.

—Ay, hija, es que tener tantos años de novios y no llegar al altar es como haber estudiado seis años en un secretariado —oí que le aconsejaba una señora a su muchacha en el supermercado.

Algo parecido sucede con cientos de alumnos que cursaron carreras que odiaban porque eran «profesiones con futuro».

—Ay, hijo, la Universidad es como el matrimonio: ya que estás titulado, ejerce por lo menos un año, para que la gente no diga que no lo intentaste.

Pero para esta sociedad ser casado y titulado no basta. Los papeles —ya lo sabíamos— no garantizan la paz de nadie.

—¿No crees que a tu vida de licenciado le falta algo así como una maestría para estar completa? Si tienes problemas laborales, una maestría siempre servirá para que no te corran —me sugirió un amigo. Así es como mucha gente se embarca en los posgrados, aunque luego no busque ni cómo mantenerlos.

Pasan los años, se obtiene un máster y se procrean hijos, se cambia de carro y se llega a la dirección de una empresa. Uno parece el hombre más feliz del mundo, con familia, amigos, reputación y un reparto de utilidades respetable. Pero algo sucede y no se está satisfecho. Ganar bien ya no tiene ese sabor de pecado, como cuando uno sustraía papelería del trabajo porque sentía que le pagaban una miseria. Entonces se empieza a ser infiel a la profesión y se inician pequeñas aventuras laborales: vender platería, zapatos, plásticos, perfumes, bolsas y maquillaje a tus compañeras de trabajo. Así va la vida, hasta que el jefe nos descubre un labial en el portafolio y enardecido nos pide la renuncia. Entonces nos inventamos otra cosa.

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13 comentarios en “¿Y para cuándo el posgrado y los hijos?

  1. Como adolescente y padre de un adolescente, puedo decirte que la paternidad es una de las cosas más hermosas de la vida… Pero si puedes evitarla por unos años más, ¡hazlo!

  2. Dicen por ahí que dejarán de preguntar, cuándo sigues tu? en las bodas, en el momento en que hagas la misma pregunta en los sepelios.

  3. ¿Entonces nunca se cierra el círculo? Tenía esperanza de consagrarme a la bebida ahora que terminé de estudiar leyes, pero parece que todo es en vano. Pero debe haber alguna alternativa, ¿no?

  4. si estudias o te casas y tienes hijos, hazlo por ti mismo porque así lo desees. no por los comentarios de los demás, de una manera u otra la superación es toda nuestra larga vida, no debemos estancarnos

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