El año en que papá descubrió la computadora

Padres e hijos: al final los papeles terminan por invertirse. Durante nuestros primeros años de vida, nuestros padres se habían deleitado viéndonos aprender a caminar, a hablar y a leer; veinte años después somos nosotros los que los vemos educarse en el correo electrónico, las salas de chat y los programas para compartir música.

-Oye, hija, ¿cómo le hago para “copiar” este documento? –era el tipo de pregunta que escuchaba una amiga mía cuando su papá regresaba de sus clases vespertinas de cómputo.

-¿A dónde lo quieres copiar?-le decía ella pacientemente, con ese estoicismo que cultivó cuidando a los niños medicados de sus primas.

-¿Pues a dónde más? A una hoja.

Mi amiga se quedó en silencio un momento, mientras asimilaba una respuesta que no se esperaba.

-Ay, pa, lo que tú quieres es “imprimir” -le aclaró sin ocultar una sonrisa.

-Por eso “copiar” a la hoja –decía él y daba por terminada de la discusión.

Pero eso no es todo. El otro día, por una de esas casualidades que uno no se explica, el papá de mi amiga me añadió a sus contactos del Messenger.

-Hola, doctor –le saludé, como el hombre educado que soy.

-Hola, Eduardo- me respondió, pero en lugar del saludo salió una “H” y el ícono de una ola del mar.
Pensé en decirle que una conversación del MSN con tantos dibujitos le iba a quitar mucha seriedad a una profesión como la suya, pero pude inferir que el papá de mi amiga no sabía cómo eliminar las animaciones.

-Sólo entré unos minutos – me escribió o por lo menos eso entendí por la imagen de un sol y la letra “O” y el dibujo de una aguja que recorría la carátula de un reloj.

-No se preocupe, doctor, lo dejo trabajar –le dije.

-Gracias, voy a terminar de escoger unas…- me explicó, pero apenas salió aquel ícono bochornoso ya ni siquiera tuve el ánimo para averiguar qué cosas andaba buscando don Oliverio en Internet.

Eran las 9 de la mañana de un sábado y mi amiga me llamó desesperada para que la acompañara a buscar su lap top. Ya con seis años encima, la pobre máquina no respondía ni a las funciones más básicas, como reproducir películas o clonar discos de música. Ella había llevado su computadora con un técnico hacía un mes, pero la ausencia de una pieza había retrasado la reparación una semana más.

-¡Pero es sólo el teclado! – le había dicho su papá esa mañana-. Anda, ve inmediatamente con ese bandido y te traes la computadora de una vez, ya verás cómo la arreglo yo con dos alambres y una batería de carro.

Su papá había reparado con cierto éxito el televisor y el aire acondicionado. Eso, según él, le daba la competencia suficiente para desentrañar un reactor nuclear.

Recogimos la lap top y se la entregamos a su papá, como si se tratara de una ofrenda maya.

-Es la pila, estoy seguro –dijo con la seguridad con la que un médico diagnostica una sífilis con sólo verle la cara de perdedor a su paciente-. Son unas pilas como las del control remoto y se le ponen, a ver, creo que por acá.

Mi amiga no decía nada mientras yo veía con terror el tratamiento que vendría. Ha sido la única vez que he sentido compasión por una máquina, específicamente por alguna que contenga el Windows Vista.
Cinco días después, mi amiga me explicó su serenidad de aquella mañana:

-Papá y yo habíamos hecho un trato. Él se quedaba con la lap y me ayudaba a pagar una computadora nueva. ¿Provechoso, no?

-Al parecer don Oliverio es bueno para la cibernética, pero tiene problemas con los negocios.

-¿Con la cibernética nada más? Vaya, cómo decirlo, mi papá es un hombre del Renacimiento: opina de pedagogía cuando mi hermano le trae a su hija; de medicina cuando me oye toser; de albañilería cuando alguien sugiere reparar la fachada; de floricultura cuando mamá encarga dos macetas para el patio. Últimamente habla como un constitucionalista cada que sale Calderón en la tele.

-Bueno, qué quieres que te diga. Algo de enciclopedistas tienen los papás, principalmente los que hicieron de todo en tiempos de penuria.
-Sí, lo sé, pero ¿es necesario que me regañe cada que le cocino pollo con chícharos? “Hija”, me dice, “¿esos chícharos no deberían estar más achatados?”. ¡Papá!”, le digo, “¡son chícharos, no el planeta Tierra! Lo peor es que nunca ha preparado siquiera un huevo revuelto, pero ¡cómo le gusta hablar dos horas sobre la cantidad exacta del orégano!

-Vaya ¿y pudo reparar la computadora, por fin?

-Sí, la llevó con el hijo de no sé quién, pero ahora ya no se despega de ella. Con eso de que descubrió cómo bajar música.

-El Internet es el paraíso de los señores porque ahí consiguen canciones que no obtendrían de otro modo.

-Sí, caramba. Papá ya llenó dos gigas con Palito Ortega. Yo no sé si Palito Ortega haya cantado lo suficiente en su vida para llenar dos gigas de memoria, pero en la computadora de mi papá eso es posible.

-¿Y qué dice tu mamá al respecto?

-Al borde de la histeria, ya te imaginarás. Ayer vino a quejarse a mi cuarto: “Ese tu padre”, me dijo, “está viendo Grandes Ligas en la tele, oyendo el juego de los Piratas en la radio y aparte escribiendo en la computadora. ¡Cada vez se parece más a sus hijos!”

-¡Qué duro! –comenté.

-¿Sabes una cosa? Lo peor es que es verdad.

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13 comentarios

Archivado bajo Campeche: instrucciones de uso, Un mundo raro

13 Respuestas a “El año en que papá descubrió la computadora

  1. Lo que me encanta es cómo presumen que ya saben y cuando no ¡ay cómo se (y me) desesperan!

  2. Hasta la fecha mi mamá no entiende muy bien cómo funciona eso de “subir” cosas al Internet. Pero lo que es sí es un hecho ahora que estoy pasando unos días en su casa es que todas las mañanas me despierta diciendo: “baja inmediatamente eso que subiste a Internet, me vas a meter en problemas”.

  3. Mi mamá cree que soy ingeniera en sistemas de noche y comunicóloga de día, así que pretende que resuelva todos sus problemas tecnológicos. Está convencida de que cuando le digo que no sé cómo se hace algo es para molestarla, no porque realmente no sepa…
    Mi papá se limita a pedirme que ponga en su celular la música que baja (Kansas, America, Journey… )
    Lo bueno es que tengo 3 hermanas, así que las responsabilidades de explicación cibernética se dividen.

  4. Mi papá simplemente se desespera, da clicks infinitos a todo lo que no responde y termina fácilmente, apaga o desconecta la computadora diciendo: esta chingadera no responde.

  5. Mussgo

    Me pregunto si en varios años, cuando seamos todos unos señores respetables, existirá alguna tecnología (software o hardware) que se nos complique usar, tal y como nuestros padres ahora. O acaso las generaciones que han crecido de cierta forma con la tecnologías de información ¿irán avanzado a la par de manera automática?

  6. Lsz

    Yo, acepto que me he quedado atascado. Ya no entiendo un montón de madres que salen a diario en cuestiones tecnológicas.
    Aunque el texto más me ha recordado las verdades de los padres: opinan de todo. Mi padre, por ejemplo, -aunque casi cocina algo alguna vez- siempre opina que a todo debe ponérsele cominos; cuando pregunta a mi madre cómo hacer tamales o caldo de res siempre rectifica a su antojo la receta, mi madre termina exasperándose y él haciendo las cosas como le pega la gana y como su “experiencia” le dicta y lo respalda.

  7. Anónimo

    En el Messenger, el alfabeto de mi papá contiene más pollos parados que vocales y viejas enpelotadas que consonantes.
    Y sí, a la mayoría de nosotros nos va a pasar lo que dice Mussgo y nos vamos a quedar atascados, comprendiendo a duras penas lo más básico del nuevo software (yo todavía no logro la transición al Office 2007, y no tengo ni 30 años).

  8. Lus

    Mi mama le encuentra a las personas escabrosos pasados con escritoras octagenarias… eso creo que es un gran avance….

  9. Roque Balbuena

    Huchín, dime que la chica de la foto no tiene relación contigo. No comentaré nada sobre el post (que me parece, como siempre, una chingonería) hasta que me digas si esa carita limpia y esa mirada triste son susceptibles de alcanzarse a través de, por lo menos, un pinche correo electrónico

  10. Lo siento, Roque, no puedo exponer a una amiga, por lo tanto diré que es una foto que encontré por ahí para ilustrar este post.

  11. eduardo

    no te olvides aclarar que la nena en cuestion parece tener como 11 o 12 añitos.
    cajum, cajum..

    bueno, parece…

    pasando a otras cosas, Spider Solitair ha hecho estragos en el tiempo de la gente mayor de 45 ,
    sobre todo si recien se han sumergido en el mundo de las computadoras, simplemente es irresistible.

    bueno, algunos ejemplos veridicos (no todos del mismo padre o madre):

    - oiga m’ijo y cada cuanto hay que cambiarle el aceite a esta cosa?

    - pos si cierto, el aparato me gana en ajedrez, pero yo le gano en los madrazos…

    - no habra manera de que nos cambien la computadora por una que no traiga ese pinche clip que habla cada vez que quiero escribir algo?

    Hay que tener paciencia, no me acuerdo quien dijo que, para ellos, las computadoras son algo asi como el Antiguo Testamento: cientos de leyes, nada de piedad.

  12. Lo ha dicho usted mejor que nadie, Mr. Pig.

  13. Odio a mi madre. Ella me odia. Este año ha sufrido eternamente en un curso, pero por fin aprendió a usar la computadora. Yo le enseñé. ¿Escuchaste alguna vez el dicho “la letra con sangre entra” ? Lo apliqué en el caso, ahora la señora sabe usar bien una computadora.

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