Cuestión de honor


El mundo de los premios, tan diferente al de la literatura, no debería admitir los medios tonos. Convendría que las cosas fueran blancas o negras, terminantemente blancas o negras. De este lado el ganador y a la hoguera todas las plicas, sin abrir, de los perdedores. ¿A quién benefician los grises, la gloria del segundo lugar en los concursos? A nadie. Por ello, las menciones honoríficas no deberían existir. Las menciones sólo dan falsos matices, que es otra forma de decir vanas esperanzas. Nos dicen que somos buenos escritores, pero no lo suficiente para merecernos el dinero. Nos dicen que tenemos talento, pero no del tipo de talento que puede ser redituable.  Cuando pierdes es mejor confiar en la miopía del jurado, o al menos en su mala leche, pero si te reconocen con una mención resulta que su criterio no era tan idiota. Eso te desarma, ¿cómo descalificar a un comité que te elogia… pero no del todo?

Una novela rechazada por los editores ayuda incluso a escribir la siguiente. Es lo que le sucedió a Chuck Palahniuk con Invisible Monsters y gracias al resentimiento de varios “no” tenemos El club de la pelea. Una novela rechazada, incluso, crea su propia leyenda, como La conjura de los necios de Kennedy Toole. Con ese mismo impulso funcionan los premios perdidos, las mujeres que se van, las desgracias familiares. Las adversidades, cuando no llevan al alcoholismo estéril, propician buenos libros. Pero los sucesos tibios no sirven para nada. Una mención honorífica es una victoria apática, un fracaso insípido, y por lo tanto no funciona ni como victoria ni como fracaso.

Las menciones honoríficas suenan al “gol de la honra” que mete el equipo que iba abajo 6 a 0 en el marcador. Tienen el sabor de la chica que no puede separarse de ti, pero que tampoco dejará de verte como un amigo. Ir a recoger una mención honorífica es como ir a la boda de tu ex novia: una evidencia más de que no tienes dignidad.

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11 comentarios en “Cuestión de honor

  1. chale, que contundente… ahora veo porque le cayo tan bien el buen Welch….

    la analogia futbolera me parece un intento valiente pero malogrado.. yo propongo algo mas cruel, es ganar el partido pero quedar fuera por el gol de visitante… le hace falta echarse una cascarita de vez en cuando

    o…
    es como ganar un concurso de belleza pero que te manden a Miss Mundo en vez de Miss Universo….

    chale, perdon rodrigo, pero tenia que decirlo

  2. KarateP: No importa. Soy más pirata que futbolero, de modo que robaré tus dos analogías para una futura versión del texto. Gracias!

    (¿Eso qué tipo de frustración-enojo-sorpresa representaría: ver las palabras de uno, pero firmadas por otro?)

    Saludos!!

  3. Otro que es famoso. Je.

    La analogía futbolera se puede contemplar en aquella final de liga que disputaron Necaxa vs Celaya. El empate fue a cero, si bien Butragueño falló una de gol, el equipo rayado se llevó el triunfo por su posición en la tabla.

    Y sí, ¿dónde se incribe oficialmente al club?

  4. estimado huchin
    respecto a la pregunta, pues no lo se, habria que preguntarle a quien se las robe, a lo mejor es cierto eso de que las palabras son de quien las necesita.

    por cierto,
    las unicas palabras mias que me gustaria ver fiirmadas por alguien mas son: “cheque al portador”

  5. Por cierto, Rodrigo tiene una historia buenísima de una ocasión en que abrió el periódico y un artículo suyo había sido publicado… pero por otra persona (y que aparte había cobrado)

  6. Has abierto una vieja herida, mi querido Eduardo. Pero sí, es verdad. De hecho esa historia la puse en la novela. Un tío (famoso escritor yucateco) al enterarse de que quería ser escritor y nadie me publicaba, le dijo a mi mamá que él me ayudaría. Ingenuo fui a la buhardilla donde vivía y le entregue una carpeta con cuatro artículos. Le di las gracias y mi tío me dijo al despedirse: “nadie vive de esta mierda”. En ese momento no supe si refería a que mis escritos eran una mierda o a que nadie podía vivir de la literatura. A las dos semanas mi tío le dijo a mamá que el director del periódico había quedado fascinado con mis escritos, tanto, que los publicaría.
    Como era de esperarse esta historia concluyó con un final trágico. Un primo llego a casa indignadísimo, con el periódico en mano. “Mira esta madre, no mames”, dijo. Miré el periódico y ahí estaba mi escrito, sin censura, largo y elegante cubriendo una página entera de la sección editorial. El problema era que estaba firmado con el nombre de mi tío. Y esto se repitió por 3 días más. Mi tío desapareció y de consuelo (en realidad no se si fue consuelo) mi primo dijo:
    -Viéndolo por el lado amable es un honor ser plagiado por un escritor tan bueno –luego se rascó el mentón, y rectificó-: Aunque viéndolo por el lado malo hay que ser el escritor más desesperado del mundo para firmar como propio el escrito de alguien que en su vida ha publicado algo.
    Oficialmente mi primera aparición en un periódico lo hice con el nombre de otro.

  7. Eduardo:
    acabo de encontrar la madre de todas las analogías:

    Catafixiar esa perroncísima bicicleta bmx que con sangre, sudor y lágrimas te ganaste en la “escalera loca”, por una sala de hermanos troncoso o una artesanía de los maestros de la ciudadela…

    el desencanto en tu rostro es opacado por los brincos de alegría de tus padres entre el público

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