Cómo reconocer una película porno, según Umberto Eco


En
sus Seis paseos por los bosques narrativos, Umberto Eco afirma:

“Una vez me planteé el problema de cómo establecer científicamente si una película es pornográfico o no. Un moralista contestaría que una película  es pornográfica si contiene representaciones explícitas y minuciosas de actos sexuales. Pero en muchos procesos por pornografía se ha demostrado que ciertas obras de arte contienen tales representaciones por escrúpulos realistas, para pintar la vida tal cual es, por razones éticas (en cuanto que se representa la lujuria para condenarla) y que, en cualquier caso, el valor estético de la obra redime su naturaleza obscena. Como es difícil establecer si una obra tiene de verdad preocupaciones realistas, si tiene sinceras intenciones éticas, o si alcanza resultados estéticamente satisfactorios, yo he decidido (después de haber examinado muchas películas hardcore) que existe una regla infalible.

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Hay que controlar si en una película (que contiene también representaciones de actos sexuales) cuando un personaje sube a un coche o en un ascensor, el tiempo del discurso coincide con el de la historia. Flaubert puede emplear una línea para decir que Frédéric estuvo mucho tiempo de viaje, y en las películas normales se ve una persona que se sube a un avión para verlo llegar en seguida en el plano sucesivo. En cambio, en una película porno si alguien se sube al coche para ir diez manzanas más allá, el coche viaja diez manzanas. En tiempo real. Si alguien abre la nevera y se sirve una cerveza para bebérsela más tarde en el sofá después de haber encendido la televisión, la acción lleva tanto tiempo como el que les llevaría a ustedes hacer lo mismo en sus casas.

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La razón es bastante sencilla. Una película porno está concebida para complacer al espectador con la visión de actos sexuales, pero no podría ofrecer hora y media de actos sexuales ininterrumpidos, porque es fatigoso para los actores, y al final llegaría a ser tedioso para los espectadores. Hay que distribuir, pues, los actos sexuales en el transcurso de una historia. Pero nadie intención de gastar imaginación y dinero para concebir una historia digna de atención, y tampoco al espectador le interesa la historia porque espera sólo los actos sexuales. La historia queda reducida, pues, a una serie mínima de acontecimientos cotidianos,  como ir a un lugar, ponerse un abrigo, beber un whisky, hablar de cosas insignificantes, y es económicamente más conveniente filmar durante cinco minutos a un señor que conduce un automóvil que implicarlo en un tiroteo a lo Mickey Spillane (que, además, distraería al espectador). Por lo tanto, todo lo que no es un acto sexual debe llevar tanto tiempo como lo lleva en la realidad. Mientras que los actos sexuales tendrán que llevar más tiempo del que normalmente requieren en la realidad. He aquí la regla: cuando en una película dos personajes emplean, para ir de A a B, el mismo tiempo que emplearían en la realidad, tenemos la certidumbre de encontrarnos ante una película pornográfica. Naturalmente, son necesarios los actos sexuales, si no, una película como Im Lauf der Zeit de Win Wenders, donde se ve prácticamente durante cuatro horas a dos personas viajando en un camión, sería pornográfica, y no lo es”.

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Podemos disculparle a Eco que basara su criterio en el porno noventero (las conferencias de donde extraje la cita fueron dictadas en 1993). En esa década, era suficiente un apretón de manos para que la siguiente escena aconteciera en una alcoba. Pero las producciones más recientes de la industria XXX han eludido La regla de Eco. Renato Prada nos contaba que una vez oyó a un adolescente pedir un video hardcore a través de lo que él consideraba la mejor definición para el porno: “Me da una película sin argumento”. Sin embargo, cintas  como Pirates I y II o el musical Misty Beethoven (cuya genealogía comienza en The Opening of Misty Beethoven de 1976, pasa por la ganadora del Óscar My fair lady de 1964, y termina en la obra Pigmalión de Bernard Shaw) contradicen la idea de que en el porno los actos banales sirven apenas para enlazar un coito con el siguiente.  Por otro lado, los breves clips denominados PG Porn, escritos y dirigidos por James Gunn, en los que se ha excluido el sexo, bucean en un tipo de narrativa que ha creado sus propios clichés (la hermosa mujer que llega con el carro descompuesto nunca tiene dinero para pagar el servicio), pero que divierte en tanto frustra la expectativa del espectador (nadie termina encima de nadie).

Ahora que las casas productoras de porno pueden gastar diez millones en una película (eso costó la segunda parte de Pirates: Stagnetti’s Revenge) y que, al contrario de lo que pensaba Eco, un subgénero XXX basado en escenas de sexo sin hilo conductor (el gonzo) se ha consolidado como forma de entretenimiento, habrá que pensar en nuevas definiciones. Me quedo con aquella que dice que una peli porno se diferencia de otra convencional con sexo, porque una porno sería imposible de ver sin los botones “Adelantar” y “Retroceder” del control remoto.

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6 comentarios en “Cómo reconocer una película porno, según Umberto Eco

  1. Me sorprende que Eco, tan abusado como es, haya llegado a una conclusión tan fácil de refutar como esa. (me parece que) Según su regla, “The Brown Bunny” (la de Vincent Gallo con Chloe Sevigny) sería porno y “Banane al Cioccolato” (la de Riccardo Schicchi con Cicciolina) no lo sería (sí es, me consta). Y creo que la última definición es menos acertada todavía, porque hay infinidad de películas convencionales con y sin sexo que son imposibles de ver sin el control remoto (Date Movie, Meet the Spartans, etc.) y muchas pornos que se dejan ver de principio a fin (Telefono Rosso, The Raspberry Reich, etc.).
    Entonces, ¿cómo reconocer el porno? Me parece que el problema surge porque nos da trabajo aceptar que el porno puede ser algo más que un apoyo para tocarse en lugares prohibidos; puede ser una herramienta educativa (Nina Hartley’s Guide to Threesomes), un artículo de conversación (A Night in Paris), un “rite of passage” (2 Girls 1 Cup), arte (Destricted), narrativa (Shortbus)… todos los anteriores son porno, aunque ¿qué tienen en común? “El sexo explícito” No, en 2 Girls no hay sexo per se. “La intención del fabricante de que las personas, al verlo, se toquen en los mentados lugares prohibidos” No, ese no fue el caso en A Night in Paris. Uy, creí que iba llegar yo muy salsa y hacer la regla definitiva, pero no me salió. Creo que lo de la intención de provocar calenturas es lo más cercano que hay, pero también contaríamos a Ninel Conde, “New Moon” y la revista “Bianca” como porno. Tal vez sea la intención de lucrar mediante la presentación de actos sexuales o parasexuales… pero eso también define al cine de explotación no-pornográfico (p.ej. Nekromantik). Mato mi pavo. Diré lo mismo que dicen los que intentan definir lo obsceno: “lo reconozco cuando lo veo”.

  2. P:
    Es que la definición del control remoto estipula que sepas “a priori” que la película tendrá que ser vista con el control remoto (toda porno tiene una “versión del espectador”). Películas como Date movie, etc, ni siquiera llegan a mi DVD (es mucha hueva adivinar qué parte quiero ver; en una peli porno por lo general uno conoce o intuye la sintaxis de la peli).

    Quizás para este problema debiéramos volver a San Agustín (un poco modificado):
    “Si no me preguntan qué es una porno lo sé; si me lo preguntan lo ignoro”.

  3. Pero, ¿qué pasa con las películas como “The Raspberry Reich”? Es una porno con todas las de la ley: “actúa” Dean Monroe, estrella de “Black Balled 4” (¿o fue la 5?), a Gudrun se la cogen de verdad, la produjo un estudio 100% porno (Cazzo o Wurstfilm, no estoy seguro), etc., pero de ninguna manera es una película para ver con el control remoto, sino una comedia en verdad divertida y con contenido. Y son muchas y muy diversas las películas que la gente renta con el conocimiento a priori de que van a tener que usar el control remoto, de entrada todo el cine erótico y el que tenga algún dejo de perversión (sé de gente que se privó de ver obras maestras como “Crash” -la de Cronenberg- y “Showgirls” porque las rentaron movidos por la calentura… a mi me pasó con “El color de la noche”, “Carne” -de Marco Ferreri-, “Cuentos inmorales” y muchísimas más, y en otros casos terminó gustándome más la historia que la malamaña, como en el caso de “Damage” o “Jamón, jamón”). La mayoría de los que rentaban “Emmanuelle” o las de Ilsa lo hacían para adelantar hasta las escenas de sexo, pero no son pornos.
    Qué persona tan desagradable soy, pero es que me quedé con ganas de hablar de esto luego de leer tu otro artículo, el de los videoclubs porno del pasado… voy para allá a despotricar…

  4. Quizás es que existe una “mirada porno” o una “disposición a que vamos a ver una porno” (como porno vi Naranja mecánica a los 10 años: total cumplía las “reglas” de lo que yo entendía por porno: pasaba en Cinemax después de las 10 PM, contenía a mujeres desnudas y a hombres que las deseaban, todo mundo hablaba en inglés). Quizás por eso es tan difícil establecer un concepto universal, porque de entrada ni siquiera estamos de acuerdo en qué películas deberían ser consideradas porno y cuáles no.

    No hace mucho vi “Pirates” de Joone. Una porno en forma, pero la tercera vez que la vi, lo que recorrí fueron las escenas de sexo y debo admitir que la historia me entretuvo bastante.

  5. Me parece que el problema de Eco es tratar de encontrar la diferencia “cientificamente”.
    Yo creo que no es posible en tanto no toma en cuenta el punto de vista del “sujeto”, el cual es siempre subjetivo.

    Es decir:
    1. La diferencia radica en la dualidad erotismo-pornografia.
    En mi opinion, el erotismo hace referencia a experiencias de la cintura para arriba, mientras que la pornografia lo hace de la cintura para abajo.

    Voluntaria o involuntariamente, existe una intencion de los creadores por establecer esta diferencia. que a veces lo logren o no es otra cosa
    (ejemplos involuntarios en ambos sentidos: deep throat, o Princesa Lea escalva de Jabba)

    2. pero, precisamente la “frontera” entre erotismo y pornografia es establecida por el espectador.

    De esta manera, habra quienes encuentren Bella de Dia como una cinta terriblemente compleja y erotica.
    Otros diran que es pornografica aunque el sexo aparezca solamente de forma implicita
    Y finalmente, algunos la encontraran aburrida y sosa, mientras que suucumbiran extasiados ante Espermaholicas.

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