En el 2000

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Para Fernando Manzanilla, Luis M., Luis F. e Irving.

De Huxley a Terry Gilliam el futuro parece un lugar donde es fácil cultivar el pesimismo. Gobiernos autoritarios, laberintos burocráticos, drogas para ser felices, diseño de bebés. En fin esas cosas que nadie hubiera querido que pasaran, hasta que uno se dio cuenta de que comenzaron ayer.

Ni siquiera el mundo hipertecnologizado de Los Supersónicos era tan amable como parecía. Sí, había automóviles que se convertían en maletas y robots que nos servían el desayuno, pero uno tenía que programar sus propios sueños y los jefes eran unos calvos mezquinos que nos regañaban desde una pantalla gigante.

México es un país en el que los políticos gustan de hablar del futuro y para la inmensa mayoría de los mexicanos ese futuro se reduce a la próxima quincena, para los menos el siguiente trienio. Las visiones del porvenir no existen salvo en los programas sociales, las alianzas para la educación, las columnas de opinión en año electoral y en los partidos de la selección nacional. Pensamos en el mañana para mitigar el vértigo que nos produce un presente demasiado desolador.

Durante mucho tiempo soñamos con llegar al año 2000. Algo tenía que pasar en el 2000, decíamos: una catástrofe natural, una revolución sangrienta, la caída del PRI, lo que fuera. Entrar al nuevo milenio era como llegar a los 30, la edad perfecta para empezar de nuevo. Y es que pensando en ese México del año 2000, que parecía tan lejano, a principios de los ochenta se filmó una comedia que ha resultado con los años profética y con ello, quiero decir cada vez más divertida: México 2000.

Estrenada en 1983 y protagonizada por Chucho Salinas y Héctor Lechuga, quienes hacían la mayor parte de los personajes, México 2000 retrata los sueños de modernidad que se gestaban en el país hace un cuarto de siglo, en los primeros años de la Madrid, a quien no se le escatiman referencias (en la República del futuro, “si usted le pide un préstamo al banco, el banco le paga a usted los intereses por poner a trabajar el dinero estéril”, dice uno de los personajes, aplicando lo que ellos llaman la “teoría de la Madrid”).

Absurda, sarcástica, continuamente crítica, la película dirigida por Rogelio A. González (quien dirigió alguna vez una versión de “El retrato oval” de Poe con el título de One minute before death, además de aquel clásico El esqueleto de la señora Morales) es un recorrido por un mundo perfecto en el que los problemas de los mexicanos se han extinguido a fuerza de voluntad y el país se ha vuelto un ejemplo para el mundo, que no duda en copiar nuestras costumbres (ver a los tiroleses celebrando las posadas es una de esas imágenes inolvidables del cine nacional). Con un presupuesto mínimo (los autos del futuro son apenas carritos de golf), la cinta brilla en sus diálogos mordaces, en sus exageraciones, en sus referencias a los sueños que el país tenía hace 26 años y a lo deprimente que resulta pensar que poco han cambiado desde entonces.

Para Lechuga y Salinas, éstas son las cosas que habrían de suceder en el 2000:

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1. El partido de los campesinos gana las elecciones. Los tzotziles hablan alemán, inglés y francés, además de comunicarse por un tipo de celular (que en ese tiempo no existía) con sus clientes extranjeros, que no dejan de pedirles granos. La Secretaría de Agricultura funda la Universidad del Campo para “asegurar la autosuficiencia alimentaria de los mexicanos”.

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2. Uno de los personajes está viendo en la tele una película de ciencia ficción que se llama Nosotros los pobres. “Oye Papá”, cuestiona, “lo que no entiendo es qué es ser pobre”. “No lo entenderías”, le responden.

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3. La hija de Chucho Salinas está exenta en sus exámenes porque “es muy estudiosa”. “Como todos”, responde la muchacha, “lo que pasa es que los estudiantes no tenemos otra cosa que hacer más que estudiar”. “Lo mismo de siempre”, dice a su vez Héctor Lechuga. En otra escena, cuando los habitantes de este México nuevo llevan a sus hijos a la escuela, puede apreciarse un letrero que dice: “Domingo próximo, clases como siempre, a petición de maestros y alumnos”.

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4. El DF cuenta apenas con 2 millones de pobladores, las avenidas nunca tienen tránsito, los policías pasan meses sin poner una infracción. Además se levantan cosechas en muchas zonas de la capital: trigo en la colonia Algarín, jamaica y sandía en la Hacienda de San Jerónimo, tamarindos en Tlascoaque.

“Mucha de la fruta que ustedes están comiendo viene del DF”, dice Chucho Salinas.

“¿Te acuerdas esa avenida donde estaba el Reloj Chino?”, le pregunta después a Héctor Lechuga.

“Bucareli”, recuerda el otro, “y ¿ahí qué cultivan?”

“Papas… en toda la avenida”.

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4. Héctor Lechuga tiene en brazos a su nieto y recrimina a su hija que vea en él a un futuro futbolista y no algo más prometedor: “Este niño va a ser Presidente de la República”, dice orgulloso el abuelo.

“No puede”, responde la mamá, “su padre es suizo”.

“Mi vida, ya reformaron el 82”, dice Lechuga. (Lo más increíble de todo es que esa reforma, que se dio en el 94, hizo posible que Vicente Fox se postulara y ganara las elecciones… en el 2000).

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5. En el futuro, el Presidente viaja en transporte urbano y le cede su lugar a otros ciudadanos, porque “en un camión todos somos iguales”. En lugar de usar la radio, alumnos de conservatorio que hacen su servicio social tocan música clásica para los pasajeros. “¿Quieren algo de Brahms o de Sibelius?”, pregunta el chofer. Todos prefieren a Sibelius, a excepción del primer mandatario, a quien no le queda de otra que respetar una decisión democrática. “Sibelius, Sibelius Pérez, qué torerazo de la afición”, entona el jefe de Estado. “Ah, señor Presidente, cómo será usted cabrófilo”, dice el chofer, “ése es otro Sibelius”.

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6. Los estadounidenses cruzan de espaldas mojadas el Río Bravo y terminan trabajando en puestos de tacos ambulantes (eso sí, servidos con la higiene de un cirujano: en este México futurista los taqueros usan guantes de látex y tapabocas).

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7. La Selección mexicana le gana a Brasil 4-0 (otra vez). Chucho Salinas, al saber la noticia, sentencia: “Todos ellos queriendo estudiar el nuevo sistema, nuestra técnica. El sistema Tréllez”. “¿Tréllez qué?”, pregunta la esposa. “Tréllez Heroles o algo así”.

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8. Los informes de Gobierno duran un minuto, a fin de que nadie pierda el tiempo que puede aprovechar trabajando.

9. La Orquesta Sinfónica Nacional hace giras continuas, pero no a Londres o a Berlín sino a “Escárcega, Campeche y Chinconcuac”.

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10. Dos compadres mexicanos construyen una nave espacial, con materiales más bien rústicos. Mientras la nave hace su despegue, un niño en tierra dice: ¿Quién será en un futuro no lejano, el Cristóbal Colón de algún planeta?

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PARA VER LA PELÍCULA:

PARTE 1, PARTE 2, PARTE 3, PARTE 4, PARTE 5, PARTE 6, PARTE 7, PARTE 8, PARTE 9

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9 comentarios en “En el 2000

  1. Gracias por la dedicatoria máster. Imposible no volver a morirse de la risa recordando a “México 2000” y encontrarle, cada vez, más jaladas. ¿Sabrían los realizadores lo que estaban haciendo en su época? “Hay merengues, hay merengues… hay atole..”

    Queriéndole poner peros a la película, pareciera que el final va a ser una jalada moralista pero el fraude en la elección de los dioses lo rescata.

    Te quedó muy bien este facelift al post. A seguirse carcajeando.

  2. Señor Huchín, otra joyita de sus partes. Agradecimiento especial por los links de Youtube que me están quitando tiempo efectivo de estudio ahora mismo.

  3. Ey Eduardo, muy buena la referencia, tenía tiempo que no veía esta peli, hace años la vi un par de veces.
    Oye has leido ¿Mexicanos en el espacio?
    Si quieres luego te la presto, se supone que es una de las primeras novelas mexicanas de ciencia ficción.
    Ojalá y nos veamos para un café la próxima semana.
    Cuídate.

  4. una obra maestra superior a lo que Huxley quizo hacer con su bodrio mundo feliz. esto de muestra que los mexicanos somos los verdaderos chingones, por lo menos en lo onirico pero…¿quien nos puede culpar de eso? nuestras razones tenemos.

  5. Fernando: Con el añadido que Rogelio A. González (director de “México 2000”) y Luis Alcoriza (director de “Mecánica Nacional”) trabajaron juntos en “El esqueleto de la Señora Morales” (donde Alcoriza escribió el guión y González fue el director).

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