El episodio televisivo

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Para Indira Broca y Ana Moheno

El pasado viernes fui llevado con engaños a la emisora TVT de Tabasco para hablar sobre José Gorostiza, el autor cuya obra había congregado a una decena de escritores de la región Sur en Villahermosa. Yo no sabía que se iba a grabar un programa especial; de ahí que saliera de la habitación sin peinarme, con una playera arrugadísima de Sid Vicious, un pantalón que venía usando desde la semana pasada y una edición de bolsillo de Muerte sin fin que los organizadores habían dejado de modo discreto en la cama de todos los cuartos. (Durante el desayuno, mis compañeros parecían saber tanto de Gorostiza, que tuve que subir a toda prisa por mi ejemplar para sentirme un poco menos ignorante).

El día anterior había conocido a la poeta Indira Broca y era ella con quien platicaba en el lobby, cuando llegaron a buscarnos para ir a la Casa de las Artes, donde se estaban efectuando las mesas del Encuentro Regional de Escritores. “Ustedes dos irán en el Athos y los otros participantes en la Van”, dijo la organizadora. Para mí eso era lo más recomendable principalmente por motivos de comodidad, pero todo perdió sentido cuando: a) nos desviamos de la ruta, b) llegamos a un edificio que decía en letras gigantes “Televisión Tabasqueña” y c) una señora con audífonos me levantó la playera para cruzar el cable del micro y sujetarlo justo arriba del joven bajista de los Pistols.

El panorama no podía lucir más desastroso: los demás escritores estarían en esos momentos hablando de Muerte sin fin, a 10 kilómetros de ahí, en un auditorio semivacío, mientras Indira y yo pasábamos la vergüenza de hacer lo mismo pero ante una cámara de televisión. Quise poner orden en mi cabeza pero era demasiado tarde.

La entrevistadora –a quien no podía ver sin pensar que hablaba con una amiga de la preparatoria, cuyo nombre de clase era, nada menos, que La Caníbal- nos explicó que el programa estaría dividido en 4 bloques: el primero trataría del Encuentro, el segundo de Gorostiza, el tercero de Muerte sin fin y en los últimos 8 minutos, haríamos una disertación de cara a los espectadores sobre por qué todos deberíamos leer aquel poema.  Yo apenas estaba asimilando aquel esquema del infierno, cuando el camarógrafo hizo la cuenta regresiva con los dedos y una voz en las bocinas del estudio recitó:

Hastiado de mí, sitiado en mi epidermis

por un dios inasible que me ahoga,

El programa empezó. La entrevistadora nos presentó como expertos en José Gorostiza que habíamos asistido para hablar a profundidad de aquel “tabasqueño universal”. Yo, que sabía prácticamente nada del poeta –apenas aquel chisme de su amor por Lupe Vélez, así de banales son mis intereses- había entrado ya en una crisis. Me revolví un poco el pelo por desesperación y no para “lucir un poco más rebelde” como creyó en su momento Indira Broca, que se veía segura de sí misma, como si media hora antes hubiera defendido una tesis sobre la vida y obra de los Contemporáneos.

La primera cuestión giró en torno al Encuentro. No contuve mis elogios: dije que me parecía invaluable el esfuerzo por reunir a tantos autores del Sur “sobre todo si eso representaba quedarnos con parte de los viáticos”. Me sorprendí respondiendo con cierta soltura y con la pierna cruzada. A partir de ahí, la entrevista se dio de un modo natural y sorprendente, al menos para mí. Puedo decir que libré las preguntas al paso sin parecer un imbécil. Es más: si no estuviera al corriente de lo que sucedía en mi cerebro en ese momento, hubiera dicho que aquel sujeto con playera punk sabía en verdad de lo que estaba hablando:

CONDUCTORA: “¿Cuál fue tu primer acercamiento a Muerte sin fin?”

VOZ EN MI CABEZA: “En el baño del hotel, hace dos horas y gracias a que los organizadores del Encuentro dejaron un ejemplar de bolsillo sobre mi cama”.

AL AIRE: “Fue a través de Octavio Paz, a los 13 años. Lo recuerdo bien: estaba embebido en la lectura de El laberinto de la soledad, cuando llegué a aquella página luminosa en la que el Nóbel mexicano afirma que  Muerte sin fin es –dispensen la cita de memoria- ‘el más alto testimonio que poseemos los hispanoamericanos de una conciencia verdaderamente moderna’. Ustedes comprenderán que una aseveración de ese tamaño me hizo buscar de inmediato la edición crítica de Gorostiza en la biblioteca pública. Durante esas vacaciones no hice otra cosa más que leer y releer Muerte sin fin”.

En ese momento descubrí que podía hablar de Gorostiza todo el día a expensas de otros. Así es mi memoria, se acuerda de citas que a nadie le interesan pero que me sacan de apuros cuando más lo necesito.

Pasaron los cuatro bloques del programa. Como punto final, la conductora nos dijo que recomendáramos a los jóvenes espectadores la mejor manera de acercarse a Gorostiza. No sé qué dije. En verdad. Sólo recuerdo que buceé en mi memoria tras alguna parte del poema que me sirviera en ese instante, pero el miedo me paralizó. Creo que fue la contemplación de la lente de la cámara que, lo juro, me veía como HAL 9000 veía a la tripulación del Discovery. Fue el terror mismo, pero yo seguía hablando. No sé de qué iban mis palabras, pero el camarógrafo miró a su compañero en más de una ocasión, con rostro de absoluto espanto. Cuando terminé, la entrevistadora se despidió del auditorio, dio gracias al equipo de producción y se marchó a su oficina sin dirigirme la mirada.

En el elevador (un espacio tan reducido que parecía digno de cualquier confesión íntima) Indira me dio su veredicto:

“Estuvo bien, mejor de lo que esperábamos, pero ¿era necesario que dijeras putilla tantas veces al final?”

Me dieron ganas de llorar.

Regresamos al hotel. Los escritores ya habían tomado por asalto el buffet. Ahí les dijimos a todos que el programa había sido todo un éxito y que el prestigio del Encuentro estaba ahora por las nubes.

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13 comentarios en “El episodio televisivo

  1. Jaja, muy buena la crónica, mi estimado Huchín. ¿Por qué siempre se nos obliga a la solemnidad o es que uno se pone nervioso ante la cámara?

    Saludos!!

  2. Amigo querido, yo sé como es esto y de antemano, gracias por la dedicatoria, aunque el final es literalmente ficticio, no voy a dar detalles más escabrozos aún pues el público lector no podría soportarlos, jeje.
    Un abrazo Eduardo, y a ver a que otro guateque nos invitan… Besos

  3. ChicoKC: lo peor es que la imagen de escritor rebelde fue todo un éxito y me vi obligado a ir como un mendigo los demás días del encuentro tan solo para no perder el sex appeal.

    Irad: no podía ser de otra manera, me habían pagado un viaje por presuntamente ser “un experto en Gorostiza”.

    Indira: ya no sé qué es realidad o fantasía, al menos mi memoria así recuerda los sucesos.

  4. pero que va a ser,
    deja de manchar a gorositiza y a indira y confiesa
    que te mueres por aparecer en la tele, tener tu propio patiño y aparecer con elizabeth aguilar en la portada del playboy

  5. Eres un hombre afortunado, en mi época, es decir, cuando no pudiste ir al primer Encuentro (exceso de trabajo en el periódico) y me recomendaste para que te representara, me dieron solo 50 pesos de viáticos, supongo por no ser un escritor famoso.
    Gran historia, espero suban al Youtube la entrevista.
    P.D. Indira gracias por las postales.

  6. Karate P: la neta sí, mi sueño es conducir un show donde 10 pobres diablos aspiran a ser escritores y un jurado conformado por Daniel Sada, Álvaro Enrigue y Juan Villoro les hacen críticas al aire.

    Eunice: así es. Y te voy a proponer de edecán.

    Rodrigo: la asignación de viáticos es uno de los misterios de la cultura en México. (De hecho, me hicieron firmar un recibo por 5 mil pesos, muchísimo más de lo que me dieron en la realidad, y me dijeron: “Es un error de tecleo, luego pasas a firmar el recibo que ya dice la cantidad real”.)

    Laurita: y esas dos cosas son…

    Laurita T: después de leer este horror de seguro, alguno de los responsables del programa subirá mi actuación vergonzosa al YouTube.

  7. ¿Por qué pasan estas cosas? es más ¿por qué te pasan estas cosas? mejor aún ¿por qué te pasan cosas tan divertidas y a mí no?

  8. Clara: Aguas con lo que deseas! Hahahaha. Saludos y mordidas. Tanto lo deseas, tanto le temes… que al fin sucede!

  9. Ed: deberíamos hacer un top de las “sorpresas” más terribles que puedes llevarte al momento de participar en un episodio televisivo…

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