Conversaciones con Dios

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(Este es el capítulo IX de una novela que ya no pienso terminar)

Norma llega a las 2 y cuarto de la madrugada a su casa. Sabe que sus padres están furiosos, pese que su tardanza tuvo que ver con armar un trabajoso proyecto cultural y no con salir con su novio metalero, como ellos imaginan. Ya sabe lo que vendrá: algunos gritos, reclamos de pleitos anteriores, quizás su madre prorrumpa aquella frase de “¡Dios, por qué a nosotros!”. Sabe que la mejor estrategia es la serenidad; toma más aire y piensa un poco en los auténticos problemas: el financiamiento de la exposición, el viaje de los autores de la obra, a quienes es cada vez más difícil hallar en sus domicilios. Entra a la casa y los padres están en la cocina esperándola. Como si todo fuera parte de una obra de teatro en su vigésima representación, los parlamentos siguen tal cual Norma los supone. Incluso, su madre se desaparece a los diez minutos, como hace cada que quiere dejar a su marido controlar la situación.

—¿Y de qué es ese proyecto dizque cultural que estabas haciendo? —pregunta el padre, con ese tono irónico que devela su absoluta desconfianza.

—Una Semana de la Diversidad Sexual. Montaremos una exposición y proyectaremos películas sobre lesbianas, gays, transexuales y travestis.

Se escucha un vaso romperse en la otra habitación.

—¡Qué! —exclama el padre—¿Eres lesbiana o algo así?

—¡No! Sólo estoy apoyando a unos amigos.

—¡Amigos sodomitas, eso es lo que me quieres decir! En mis tiempos los hombres sólo nos tocábamos para celebrar una victoria en el futbol.

—No exageres, papá.

—Sólo una cosa te voy a decir: ¡Levítico! ¿Lo has leído? Ahí condena Dios esas prácticas. Y no voy a permitir que mi propia hija promueva las perversiones como forma de vida.

—Tranquilo, papá —responde Norma, conservando aún la calma. Siente sed y gira para tomar un vaso de agua. Entonces siente una quemadura sobre su piel. La sorpresa le hace soltar el vaso y cae de rodillas. Cuando vuelve el rostro, ve que su padre le pega con el cinturón sobre su espalda y reproduce en cámara lenta aquella portada de las Obras Completas del Marqués de Sade, que alguna vez Norma había encontrado en el desván.

En la noche, Norma lagrima de coraje. No concibe que en pleno siglo XXI, haya padres que todavía utilicen cinturones para reprender a sus hijos, sobre todo cuando son esos hijos quienes les han regalado esos cinturones. Por otro lado, no había qué extrañarse: mañana en la junta de cursillos, su madre seguramente contará horrorizada el episodio a sus amigas y éstas lamentarán en conjunto la desdicha de la familia, como si se tratara de un coro griego: “Oh, desdicha, oh, desesperación”.

Mientras se convence en el silencio que es hora de independizarse de una vez por todas, su gato Cianuro se acerca y le lame la cara. Antes de que ella decida si lo abraza o lo avienta a la caja de arena, el gato le habla en un español perfecto:

—Hija, te apoyo decididamente.

—Puta —dice Norma, espantada mientras dobla las piernas y se tapa el cuerpo—. Ahora sí que he enloquecido.

—No te asustes. ¿Sabes quién soy Yo?

—Creo que eras mi gato.

—Ja, ja. En cuerpo sí, pero no en alma.

—¿Eres de esos seres que roban el ánima a los dormidos?

—No. Aunque a veces he tenido la tentación de usar ese método, el de la muerte ha sido nuestro sistema predilecto desde Abel.

—¿Quién demonios eres entonces?

—Lo más alejado a tu pregunta, hija. Soy Dios.

—¡Dios santo! —exclamó Norma de la sorpresa.

—El mismo. Veo que sí me reconoces.

—Pero Dios, qué haces en mi casa. Bueno, en realidad no tendría por qué extrañarme. Papá y mamá tienen imágenes tuyas en todas las habitaciones. Es como si Elvis visitara el Museo Elvis.

—Ya ha sucedido, hija, con Elvis precisamente. El año pasado.

—¿Pero qué haces aquí?

—Vengo a darte mi apoyo moral para que lleves a cabo tu proyecto.

—Dios, no puedo creerlo. ¿Te refieres a la Semana de la Diversidad Sexual?

—Asimismo.

—Pero es imposible. La gente que ha leído tu libro dice que repudias la homosexualidad.

—Estoy preparando una versión corregida de mis opiniones, pero me he tardado mucho, porque mi asesor es terriblemente quisquillo. Se trata de Borges. No sabes lo duro que es trabajar con alguien que te hace observaciones todo el tiempo. Je, je, je. “Observaciones”, “Borges”. ¿Si se entiende?

—Al grano, Señor.

—Creo que el humor de Dios necesita perfeccionarse. Bueno, la cuestión es que quiero que organices esa Semana, tu exposición y tu ciclo de cine.

—Pero, Dios, supongo que oíste hace rato a papá. No me dejarán participar en la Semana, ni aunque les diga que Dios me dio su consentimiento.

—Harán como que la Virgen les habla. Los conozco bien. Mira, esto es lo que harás.

El gato se acercó al oído de Norma y le dio algunas instrucciones.

—Me parece muy astuto y a mí no se me hubiera ocurrido.

—Poseo información privilegiada, no lo olvides.

—Eso soluciona por lo menos el problema de la inauguración, pero no me ayuda mucho con la clausura.

—Hija, no puedo andar resolviéndole la vida a todo el mundo, ¿quién crees que soy?, ¿san Juditas?

—Oye, Dios, antes que te vayas una cosa más. Necesito saber si algo es pecado o no.

Norma se acercó a las orejas del gato y le susurró un par de palabras.

—Ay, hija, tengo 3 mil años disertando si lo declaro un pecado o una virtud.

La chica sonrió satisfecha incluso con esa respuesta.

—Que duermas bien, Norma.

—Igualmente, Dios.

Un segundo después, Norma se percató del error.

—Perdón, Dios, la cortesía, sabes.

—No te preocupes, a Moisés le pasaba todo el tiempo. Nos vemos pronto… Perdón, también la costumbre.

Y mientras el gato se confundía con la oscuridad de la noche, Norma pensó si esa despedida era también una palabra de amabilidad o algo más que no debería haber oído.

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12 comentarios en “Conversaciones con Dios

  1. eduardo

    la verdad has tenido mejores textos, como que este desentona con el resto de tu arsenal litarario…
    el detalle del cinturón regalado es excelente, y en general, me parece que el texto está bastante bueno hasta la conversación con Dios, ahí si te quedó muy chabacana…como que esa perspectiva chistosona de un Dios-Beto el Boticario necesita ser más desarrollada o de plano cambiada.
    (un Dios-Tata, tal vez, aunque la neta sería un Dios-Vulgarcito)

  2. Esa tal Norma y su novio metalero creo que lo he visto en algun lugar jejeje.

    buen texto, intenta hacer un Dios Polo Polo , seria gracioso.

    ya que no vas a terminar la novela pues aver si puedes ir dandonos entregas de lo que no se publicara.

    saludos desde las murallas.

  3. Karate Pig: La única imagen que he tenido de Dios desde niño era la de George Burns (ya sabes, haciendo bromas clasificación AA). Puede que eso haya influido.

    Killer: Dios puede que sí sea un tipo de Polo Polo que ha alargado demasiado el chiste de la vida (y el final será absolutamente anticlimático).

    Eu: no conozco esa peli, pero tiene algo de este mundo.

  4. Sobre las películas de Miyazaki, mmm no , creo que no hay una que se llame así. Las películas donde un gato habla, la única es kiki´s delivery service. Y es un gato negro que habla, pero paulatinamente, el gato deja de hablar porque la brujita va perdiendo sus poderes. El parecido a un gato podría ser Mi vecino Totoro, pero no es gato y no habla. Pero sí que sale un gato autobus.

    Bueno, yo también creo que conozco a esos personajes. La primera parte es genial. Pero la incursión de Cianuro es sobrecogedora. Hay símbolos queno se han de dejar pasar. Dios, Borges, Gato.

    Saludos poeta.

  5. como dato agregado, la película es “Haru en el Reino de los Gatos ” y es dirigida por Hiroyuki Morita . Lo que tienen en común es que son del mismo Estudio ghibli

  6. Master, tiene razón Killer, debería subir las otras partes, y quién sabe, igual y terminas animándote a terminar la novela. Uno nunca sabe, sobre todo yo, que nunca termino nada de lo que comienzo.

  7. Gracias wilberth! con eso chance y la encuentro más rápido…la vi hace ya tiempo en you tube y decía que era de Miyasaki, pero cuando la busqué entre mis piratas otakus favoritos no salía….

  8. Si Huchín, sube lo demás de la novela, bueno si se puede, así podemos ver que pasa con todo lo antes y después y nos hacemos idea de qué pasa.
    Hace cuánto comenzaste a escribir esta novela???

  9. A mi también me interesa el resto de la novela…¡eso no se hace Eduardo!:
    ¡miren miren lo que yo tengo y ustedes no!, eso es maldad…

  10. Lo volví a leer y me recordó una escena familiar:
    mis poemas (con tintes eróticos) en la mesa, mis padres muy serios mirándome
    -hija ¿no te puedes buscar otro tema?

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