Solo lo fugitivo permanece

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No han concluido los últimos minutos del día 24 de febrero y he apuntado en mi libreta algunas pertinentes reflexiones respecto a dos performances que acabo de ver:

Ligth: Una mujer encadenada a un pozo colonial se arrodilla frente a un espejo y come compulsivamente helado de vainilla. Comerciales de productos ligeros se escuchan a través de las bocinas, lo mismo una voz que dice: “Estoy gorda, nadie me quiere, ¿conoces a algún acupunturista de confianza?” De repente, la mujer termina de comer y se libra del arnés que la oprime. Entre el silencio expectante del público, se dirige al baño y llora con la cabeza metida en el inodoro.

Anatomía de una hamburguesa: Un tipo se sienta frente al auditorio a comer una hamburguesa. Junto a él, un televisor emite sus confesiones alimenticias: el pan, la lechuga, el ketchup conforman la bitácora de una nostalgia que serpentea entre el prozac y la sal de uvas. Seis personas más le siguen, ejecutando el mismo espectáculo de degustación. Al final, los espectadores se quejan de hambre. Es lo que se llama una “audiencia participativa”.

La discusión ha sido tan repetida que parece canónica. ¿Cuáles son las contribuciones estéticas de este “arte de la acción”? La subversión casi privada del performance busca, como pocas, a un público que se pregunte qué diablos ha sucedido. Hay algo de trasgresión a los géneros que provoca todo ese desconcierto, pero también está la duda siempre en vilo de si esto es arte. ¿Hacer limpias rituales en un centro de investigaciones estéticas? ¿Cortarse el dedo, desnudarse en una huelga, aventar pelotas a mitad de una conferencia? ¿No son estos actos mínimos de libertad en la cada vez más aprisionada versión del arte en nuestras vidas? No lo sé; en todo caso, los perfomanceros buscan dejar más dudas que respuestas en sus actuaciones.

El arte, frecuentemente asociado a la idea de permanencia, queda rendido ante el interés por lo efímero de las nuevas generaciones. Cada vez más me entero de exposiciones que duran dos horas, de eventos inesperados en lugares públicos, de pequeñas demostraciones que no aspiran a las visitas guiadas del museo: en fin, de una abierta provocación a la idea de que la obra de arte sobrevive necesariamente al artista. ¿Y si no fuera así?, ¿y si lo que alcanzáramos a contemplar (los cuadros, los libros, las partituras) fuera mera documentación, evidencias de lo irrepetible? Quizás (y habría que pensar un poco al respecto) el arte surge, en un principio, como memoria, como una forma de rebelarnos a la inapelable mecánica del tiempo (este hoy que ya es ayer) y esta nueva época, en cambio, exija reconciliarnos con lo momentáneo de la creación (las horas solitarias en que surgen las obras maestras) y de paso retar las convenciones de lo que llamamos “profundidad artística”. ¿No sería entonces el performance una buena manera de nadar en esa superficie?

Me pregunto, además, si yo mismo no debería olvidar un poco la búsqueda de la obra perdurable y arriesgarme a formas nuevas de expresión. Apagar la computadora a mitad de la novela que estoy escribiendo y tender puentes menos seguros con quien pueda escucharme. Posiblemente el performance me ayude a vencer la timidez, los temores a no decir nada o, en última instancia, a conseguir una beca que no necesite demasiados reportes escritos. Posiblemente todo sea cuestión de dejar volar la imaginación por un rato y ofrecer unas cuantas propuestas de arte conceptual:

1. Mi primer proyecto lo he titulado Lo que Dios ha unido en sagrado patrimonio. He elegido un tema abiertamente local con el fin de buscar formas de financiamiento menos humillantes que tener que trabajar. Se trata de un performance itinerante que recorrerá el malecón campechano durante cuarenta y tres minutos, exactamente lo que duró la agonía del pirata Jack O’Higgins a manos de dos comerciantes de sábalo apellidados Barbachano. Se trata de lo siguiente: sobre la tarima de un carro de carnaval, cinco maestras de educación preescolar, ataviadas con ropas de El Filibustero, reconstruirán la antigua ciudad de Campeche a base de fomy. Me parece moderno y tradicional, con un leve guiño histórico y a excepción del chofer, que irá vestido como miembro de la Cámara de los Loores, la atmósfera será de completo apego a nuestra identidad.

2. Para los que pugnan por un arte menos localista he preparado el performance El pez por su boca muere: sobre un escenario cubierto por radiografías bucales y facturas de mi ortodoncista, tres niños entonan La sinfonía de los Salmos en tojolabal, mientras saltan sobre una cama elástica. Entre el público, una mujer con el cuerpo pintado con motivos de La noche de los ostioneros de Edvard Munch, reparte salmones de plástico. La parte más importante del performance es que alguien debe estar cortándose las muñecas con una navaja de afeitar y, al tiempo que recita la epístola de Melchor Ocampo, unta su sangre sobre una cojinúa de diez metros de largo hecha de polietileno.

3. Un ensamble de jazz y una estudiantina están sentados en las esquinas opuestas de un ring de lucha libre. En mi performance ¿De qué cuero salen más Correas? busco representar el continuo enfrentamiento entre el arte culto y las manifestaciones populares, para instar a que se fusionen finalmente en uno solo. Después de hacer sendas interpretaciones de sus propios repertorios, los dos grupos terminarán tocando melodías en que Chick Corea y Chamín Correa parezcan el mismo compositor.

4. Este hogar es catódico es una reivindicación existencial de la TV como formadora de realidad. En una pantalla de cinerama se aprecia la imagen de un tipo que, espaldas al público, ve la televisión. Minutos después descubrimos que el televisor proyecta su propia imagen viéndolo a él, sólo que con una peluca de Robespierre. En ese momento, el público no sabe que sus reacciones están siendo grabadas por cámaras escondidas y los camarógrafos a su vez desconocen que hay dispositivos de seguridad grabándolos a ellos. Una central recibirá el material en directo para su edición, pero antes de que ésta suceda, las cintas serán decomisadas por la AFI en un operativo.

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2 comentarios en “Solo lo fugitivo permanece

  1. Es usted verdaderamente genial sr. Huchín. Yo sé que no es gran halago, pero yo no suelto ese calificativo con facilidad.

    Y no se sorprenda de ver que algún artiste le plagie alguna de sus ideas, y menos de que realmente le den beca.

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