“Si siempre fuéramos lo bastante cautos para unirnos con los amigos sólo bajo un aspecto, aquel en que armonizan realmente con nosotros, y no reivindicáramos en absoluto el resto de su ser, las amistades serían mucho más duraderas y estarían menos expuestas a las interrupciones. Pero normalmente es un defecto de juventud, un defecto del que ni siquiera en la edad adulta nos desprendemos, la exigencia de que el amigo sea como otro yo, de que forme un todo sólo con nosotros; y durante un tiempo nos engañamos al respecto, pero el engaño no pude prolongarse mucho tiempo”.
Carta a August Herder, 1798.
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