21 Julio 2009...1:20 pm

La educación sentimental

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rocco

Resultó emblemático que los cines de mi infancia terminaran proyectando porno al final de sus días. Llámese decandencia o no, la fábrica manufacturó sueños húmedos como una forma de agonía y trocó las fantasías infantiles por fantasías con restricciones en la edad. El sexo en principios de los noventa llegó a los periódicos en forma de cartelera cinematográfica. Títulos tan emblemáticos como Las Profesoras del amor convivían con Mrs Doubtfire en una misma página de espectáculos. Del lado de la realidad, en la sección de clasificados, un bar ofrecía el show de una señora cuyos hábitos higiénicos contemplaban bañarse en una copa gigante.

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ENTRE CINEMAX Y UNA MUJER DESNUDA

En los noventa el porno era más complicado. En la era anterior a la Internet, el sexo llegaba a nuestras casas como película de Cinemax (quizás el mayor educador sexual de mi generación) y en menor grado, Showtime. Era la mejor televisión que ha existido: los pubertos de principios de los noventa pudieron haber visto Naranja mecánica como película porno (salían mujeres desnudas al fin de al cabo) y no enterarse sino años después de que en realidad se trataba de una obra de arte. A altas horas de la noche, Cinemax intercaló cine de increíble calidad con películas de chicas que se quitaban el bikini a la menor provocación. Esa doble enseñanza difícilmente se podría repetir con la programación actual de Film Zone o Golden Choice.

Debido a los husos horarios, las nueve de la noche era una hora propicia para que alguna actriz acabara con los pechos al aire, mientras la trama –incomprensible de tanto cambiar de canal para disimular- acontecía a volumen bajo. Lo curioso fue lo viejo que llegaba a ser el porno con que mi generación se educó. De Black Emanuelle (uno de los múltiples sucedáneos a la cinta de Just Jaeckin) a Inhibition (con una escena de baño de esas que marcan infancias), las lecciones de anatomía vinieron con cuerpos de los setenta (como esos libros de sexualidad que aún se editan). Por lo menos a los ojos inexpertos, Cinemax cumplió con una primera labor de la fantasía: hablar de un mundo que no era el inmediato. Quizás por eso, por no remitir a la misma realidad de los otros programas (donde todas las actrices y cantantes parecían haber salido de Flashdance), el cine erótico de Cinemax llegó a ser de sumo entrañable.

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EL CONTENIDO DE ESTA REVISTA PUEDE SER (IN)OFENSIVO

Uno de los mejores trabajos temporales del mundo es ser vendedor de un puesto de revistas. Puedes darte una idea de qué consume la gente, de por dónde aletea su fantasía de lector (los superhéroes, las chambeadoras o los chismes sobre famosos). A principios de los noventa, en un mismo estanquillo convivían los libros de la colección RBA (joyas como El tambor de hojalata, 1984 o Los amores difíciles) y las revistas Private. Ambos inaccesibles si tenías 13 años, pero igualmente tentadores si comenzabas a ser lector a la par de adolescente. Eso sólo lograba que rondaras alrededor del puesto como tiburón en torno a un bañista desangrado.

La gran literatura y el porno despertaban la misma fascinación desde sus empaques de nylon imposibles de romper. Y sobre la cubierta estaba siempre esa etiqueta que te recordaba tus dos desgracias: ser menor de edad y, peor que eso, ser pobre.

Estaba en secundaria cuando un amigo revisó bajo su colchón sólo para encontrar una revista Playboy con portada de Paco Stanley y Elizabeth Aguilar. Diecisiete años después dicha imagen no es sólo una reliquia sino una aberración, pero en ese entonces fue el primer acercamiento a un mito. Playboy era la revista para adultos por excelencia, capaz de llevar pictoriales de Pamela Anderson y Jenny McCarthy, pero en ese momento a la mano sólo teníamos al conductor de Pácatelas! y a la primera playmate nacional. No fue un buen inicio. Ese primer número de Playboy, abierto y gratuito (cortesía del hermano mayor de mi amigo que lo había olvidado) era un producto ingrato: demasiadas letras y una sesión fotográfica que fue mejor olvidar. Sólo para redimir al imperio de Hugh Hefner, meses después hicimos una vaquita para comprar el más reciente número de Playboy de ese momento. Por lo menos no llevaba a comediante alguno en portada, pero la extrema higiene de los donantes nos obligó a descuartizar la publicación. Eran tan poco el material para repartir que a mí me tocó llevarme una entrevista con Alex Lora.

Para el bajo presupuesto, siempre estuvieron a la mano Pimienta, Fotopimienta y Erótico (La guía del amor exótico), un trío de revistas cuya edición siempre fue un misterio. Se pirateaban fotografías de otras publicaciones y reciclaban historias y “estudios sobre sexualidad” de los setenta (hablaban de Linda Lovelance como si acabara de llegar al estrellato). Para un lector adolescente, fue un extraordinario tránsito de la imagen a la narración, pues muchos de sus cuentos no sólo estaban bien escritos sino que eran insuperables al momento de describir las maniobras que tres o más cuerpos desnudos o escasamente vestidos pueden efectuar a lo largo de cinco páginas. Aún se editan, con lo cual queda comprobado una vez más el predominio de las letras sobre las armas.

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AJUSTE LA IMAGEN (HASTA VER UN ROSTRO COMPUNGIDO)

En primer año de secundaria, las videocaseteras ofrecían la oportunidad de que no todo el porno aconteciera a deshoras (era pertinente que tus padres trabajaran de día y que tus maestros te retiraran temprano). Al mismo tiempo nos dieron nuestras primeras lecciones de electrónica cada que la película se atascaba o las imágenes eran tan borrosas como el Playboy Channel sin codificar (en estos casos nunca faltaba el amigo que recomendaba “limpiar” los cabezales de la video poniendo alcohol o perfume en el casete de los 15 años de tu hermana).

Lo mejor de esta época eran los videoclubes, que ofertaban en una sola área restringida o en una carpeta sobre el mostrador todo un catálogo de imágenes prohibidas. Dicen quienes saben que Video Rolly tenía un acervo tan espectacular que incluso contenía auténticas rarezas como la versión –decir porno es demasiado suave para el caso, los alemanes y los brasileños son los campeones de las categorías aparte- de ET. De Video Cobra recuerdo especialmente una: Cojan al Bárbaro, los primeros dibujos animados eróticos de los que tuve noticia.

Incluso cuando estudiaba en la primaria “Héctor Pérez Martínez” (finales de los ochenta, principios de los noventa), la papelería donde todo mundo acudía por un lápiz, dulces o en su defecto un álbum de figuritas, también funcionaba como videoclub, yo intuyo que erótico, porque nunca vi una película que no tuviera a por lo menos una actriz apellidada Lynn en su reparto. Con una pared tapizada de mujeres que te miraban de modo morboso era difícil concentrarse en las estampitas de Thundercats que pedías al dueño de la tienda. Siempre terminabas llevándote sobres equivocados del álbum Tú y yo.

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REFERENCIAS

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Para leer la trama (cuadro por cuadro) de Black Emanuelle entra AQUÍ. (Cortesía de A tranquear el zorro)

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Para leer la trama (cuadro por cuadro) de ET La Vagina, entra ACÁ. (Cortesía de Pildorita de la Felicidad, vía A tranquear el Zorro).

6 comentarios

  • Excelente recuento del raquitico porno nacional.
    el playboy con paco stanley en la portada tenía el don de apagar hasta al mas prendido, yo creo que dicho numero de la revista se trató de una de las tretas mas ingeniosas de la gente decente para combatir la pornografía.

    Acaso cabría agnadir el aporte de Las gatitas de Porcell a la incipiente líbido de quienes transitamos con nuestra adolescencia por los finales de los 80s y principios de los 90s
    (o la incursión de programas de concurso infantiles rellenos de tveitas )

  • Cada que veo esa portada con el bueno de Paco, no doy crédito.
    Una vez más, excelente post, master. Todo un clásico este escrito.

  • Querido Eduardo,

    Lo tomo, este escrito, como un regalo de cumpleaños.

    Saludos.

  • Julio César Vásquez

    Don Huchín
    Oiga asté, que recuerdos tan maravillosamente culposos de esos oscuros dias.
    Podemos agregar una serie de detalles más de esa era del porno (ups!) y las revistas que se ofrecían a los nóveles caballeros de la época.
    Recuerda Usted, por ejemplo, las ediciones especiales de Playboy de la copa mundial 86? o aquella portada de 1990 donde Erika Eleniak aparecía en su bikini de Baywatch?… chispas!
    Tal vez, esto tenga más que ver con aquella primera cita con Onán. Que con la historia de la pornografía en los medios de comunicación en México. que empezó si mal no recuerdo… en ¿1876? con los grabados que recorrian las cantinas de mano en mano…
    o a lo mejor con las imágenes estéreográficas y los rollos mudos que se importaban de contrabando (como todas las cosas finas) de París.
    O con las historias picantes de los 30 o con las revistas para adultos de los 60.
    Va mucho más allá de la educación sentimental. Hoy dia, con el porno al alcance de todos, esto llega a las personas como el elemento indispensable para ubicar el momento preciso en que se perdió la inocencia.
    Alberto Cortez lo hizo a la sombra de su árbol (imagino que con una novela sentimental)
    Joaquín Sabina habla de aquella bici de su niñez (en un cine de Úbeda que yo no creo que allá hubiesen exhibido algo más caliente que Jane Mansfield…)
    Y nosotros escapándonos al video club del barrio para rentar “Batman”, “Arma Mortal 3″ y “Debbie Does Dallas”
    Saludos!

  • ¡Fascinante el culto al erotismo!

    Recuerdo vagamente que jugaba siempre con un vecinito en su casa, y me tocó siempre ver en todos lados revistas del “Mil chistes” junto con “Playboy” y en alguna ocasión ví de entreojo alguna porno que el papá veía en la sala de su casa tan campante.

    Definitivamente educación sentimental

    Saludos de bailable

    Alexa

  • Karate: sin duda alguna, esos programas, junto con otras emisiones “prohibidas” como La Cosa (que veían nuestros padres como si ahí se transmitiera la vida sexual de Tiberio) merecen un post aparte.

    Rodrigo: La portada de Paco es el verdadero clásico.

    LSZ: no, hombre, te llevo mejor una copia de la película porno de ET a Puebla para dártela como regalo de cumpleaños.

    Don Julio: Gracias por enriquecer el recuento. Ya ve asté, ya lo decía Steve, aquel personaje de la serie británica “Coupling”: “Cuando el hombre inventó el fuego no dijo: ¡Qué bien, a cocinar! Dijo: ¡Genial! ¡Ahora podemos ver traseros en la noche! Apenas se inventó la imprenta empezamos a imprimir ilustraciones de… ¡traseros desnudos! Convertimos a Internet en una gigantesca base de datos internacional de… ¡traseros desnudos! Así como ven, la historia de los logros masculinos, aunque cueste decirlo, ha sido la historia de nuestro esfuerzo por mirarle el trasero a las mujeres”.

    Alexa: Recuperar al “Mil chistes” es una tarea pendiente que espero cumplir en un futuro post.


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