Cada que recorro una feria del libro en Campeche pienso en la economía. Es decir, pienso en las pérdidas de quienes cuidan los stands. Me preocupan los vendedores de enciclopedias que tratan de convencerme que ese libro gigante sobre cortes de pelo era lo que estaba buscando en la vida. Me preocupa el comerciante de juegos pedagógicos que no me ve pinta de padre de familia ni estudiante normalista. Me angustia el stand de publicaciones universitarias con tantos libros que no me interesa comprar. O ese cubículo del INEGI que a estas alturas no sé si vende algo o sólo es un escaparate para ver a un empleado con uniforme del INEGI teclear en su computadora a todas horas. Quizás falta el espíritu mercantil: seducir al comprador como si uno estuviera ofreciéndole en realidad un afrodisíaco. Una vez en un mercado ambulante en el DF, buscaba algo de comer entre puestos de antojitos y tortas compuestas. Tenía tanta prisa que no había visto un estante de libros que había cerca, pero el vendedor de ese puesto me llamó (en realidad me identificó como identifica a un pervertido el comerciante de películas XXX) y me puso en la mano la Historia universal de la destrucción de libros como si se tratara él de un narcomenudista y yo fuera, qué remedio, un adicto. El señor, un bigotudo curtido por el sol, me contó entonces una anéctota: hace unos 200 años Napoleón había dicho que era necesario destruir la mayoría de los libros porque sólo cada siglo nace un autor verdaderamente importante. “Los ministros de Napoleón le respondieron que no podía pensar eso, que en los libros estaba contenida la memoria de la humanidad y Napoleón respondió: Sí, pero es una memoria infame”.
Acto seguido: le compré el libro. Nunca he podido corroborar si el vendedor me mintió, pero la fascinación del momento valía cualquier engaño.












5 comentarios
10 Julio 2009 a las 12:24 pm
Yo también lo hubiera comprado.
Abrazo.
10 Julio 2009 a las 4:17 pm
Maestro: un gustazo encontrarte por acá. Abrazos (estos sí) calurosos.
11 Julio 2009 a las 12:56 pm
Eduardo:
En vez de reseñas para libros, deberíamos hacer “trailers” de los mismos. Yo vendería mi libro como una película de Los Transformers (con Megan Fox incluida, por supuesto)
Un abrazo
11 Julio 2009 a las 4:47 pm
Quién hubiera podido resistirse a ese viejo vendelibros.
16 Julio 2009 a las 3:30 pm
Debiste entregarle todas las copias de tus libros a ese viejo chiflado, en un par de horas te hubiera convertido en best-seller.